| Si el Gysev-Ringa
Sopron había conseguido llegar a
Valencia como segundo de grupo el
Ros Casares puede meterse entre
los cuatro primeros. La proeza es
difícil pero no imposible. Una
muy buena primera parte de las
levantinas demostró que la
Euroliga no es imposible. La
segunda victoria de la
competición (71-64) abre
esperanzas. Una de
las mejores formas de demostrar
la superioridad de un equipo es
empezar el partido con un parcial
de 8 a 0 en el que cuatro
jugadoras anotan. Murriel Page se
mostró muy concentrada en
partido y supo bregar con postes
de mayor envergadura. Con el
equipo al completo, a excepción
de Marlies Askamp, el Ros Casares
dio su mejor imagen en Europa. El
Gysev-Ringa decepcionó ya que se
esperaba algo más de las
húngaras.
En
la primera parte se encarriló
muy bien el partido y la zona 2-3
planteada por el rival tuvo un
triple de Amaya Valdemoro como
contestación. Los movimientos
salían, la selección de tiro
era buena y la defensa, correcta.
42 a 29 al descanso.
En
el tercer cuarto las cosas
cambiaron. La gran defensa del
Gysev-Ringa creó muchos
problemas al ataque valenciano y
el tercer cuarto se cerró con un
parcial 8 a 17. Era el momento de
Shannon Johnson, que con un
triple a pocos minutos del final
colocaba un claro 64 a 56.
Aún
estaba en juego el basket
average, que perjudicaba al
Ros Casares por cinco puntos,
pero una serie de decisiones
incorrectas del equipo
centroeuropeo puso fácil la
consecución de este importante
objetivo.
El
entrenador del Ros Casares,
Esteban Albert valoró muy
positivamente la victoria de su
equipo ya que el equipo se le ve
que va a más. "Ojalá el basket
average sea importante
cuando termine la fase final, eso
significaría que estamos en la
lucha por entrar", declaró
el técnico.
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