| Miguel Induráin
volvió a ganar en la montaña, a
pesar de los esfuerzos de Tony
Rominger. La historia de los
Uni-Ros recuerda a las batallas
épicas de estos dos grandes
ciclistas y ayer se vivió el
enésimo capítulo de esta
historia de amor-odio entre los
dos mejores equipos de la LFB. Y,
no podía ser menos, Marta
Fernández se erigió en la
verdugo de las de azulgrana
(72-76). Para este
encuentro había dos premisas que
lo condicionaban. A saber: el
enorme desgaste de las
valencianas tras cinco partidos
duros en ocho días se había
cobrado dos víctimas ilustres,
Amaya Valdemoro y Trisha Fallon,
con sendas lesiones; y sobre
todo, la revancha de la final de
la Copa, jugada hace sólo siete
días, si bien ese sentimiento
estaba probablemente más
presente en la grada que no en la
cabeza de Carme Lluveras.
Sin
las dos bajas, Esteban Albert se
vio obligado a maximizar las
posibilidades de las exteriores,
visto que la rotación se
limitaba a Sandra Ygueravide e
Itziar Germán, jugadoras que
apenas cuentan en sus esquemas.
Así pues, Elisa Aguilar, Lidia
Mirchandani y Marta Fernández
disputaron los 40 minutos y
¡qué partido el del trío! La
labor de la madrileña desde 6,25
fue extraordinario y preciso,
mientras que el de la canaria fue
más silencioso, pero igualmente
demoledor desde la dirección. Y
lo de Fernández no tiene nombre:
29 puntos y 7 rebotes.
El
inicio de partido correspondió
sorprendentemente al Ros Casares
Valencia. Sorprendente porque se
suponía que el Universitat de
Barcelona B.F. iba a salir a
morder y también porque las
valencianas lo consiguieron con
el arma más poderosa de su
rival: la velocidad. La buena
defensa de las visitantes, en
especial una continuación
calcada de la final de la Copa de
los dos contra uno a Razija
Breaninovic, permitió a Aguilar
salir con frecuencia al
contraataque y también anotar
desde el exterior (dos triples
para 10 puntos en este cuarto).
El Uni estaba inoperante
en ataque y el Ros Casares,
afinadísimo (11-27).
Estaba
claro que el panorama debía
cambiar y que el conjunto local
debían apretar algo más en
defensa y encontrar alguna
solución a su ataque. Y así
fue. Apoyado en el triple con el
que acabó el primer cuarto
(14-27), las catalanas
completaron un parcial de 9 a 0
que las metió rápidamente en el
partido. ¿Cómo? Pues sobre todo
haciendo que Andrea Congreaves se
colocara en el poste bajo, con lo
que los pases de Breaninovic en
los traps ya no eran tan
largos y las ayudas de las
exteriores de las valencianas,
sí. A eso la bosnia le añadió
una mejor colocación en el poste
medio. El Universitat de
Barcelona fue recortando poco a
poco las distancias, ya que sólo
Fernández era capaz de anotar en
el bando valenciano (10 puntos
seguidos). A pesar de que Ruth
Riley y Aguilar ayudaron antes
del descanso, las de azulgrana se
fueron tres puntos por debajo al
descanso (41-44).
Que
las locales estaban muy cómodas
en el parquet se volvió a
demostrar en la reanudación.
Breaninovic campó a sus anchas
por ambas zonas (8 puntos en el
tercer período) y el Ros Casares
tardó 8 minutos en subir su
primer punto. Eso permitió que
las de Lluveras estuvieran cerca
de romper el partido (62-50) tras
dos triples seguidos de Laia
Palau y Congreaves.
Pero
estaba cantado que tenía que
haber un final apretado porque
sino esto no sería un Uni-Ros.
Fernández se echó el equipo a
sus espaldas, pero cambió su
repertorio y dedicó a fusilar el
aro desde fuera. Sus dos triples
(anotó cuatro de seis) y el
magnífico trabajo de Nieves
Llamas e Irena Baranauskaite,
salidas del banquillo, metieron
al Ros Casares en la disputa por
el partido (66-61).
Las
catalanas de súbito tuvieron una
pájara monumental ante la subida
de las líneas defensivas del Ros
Casares y se desmoronaron con una
de las técnicas más estúpidas
e injustas señaladas en el
Guinardó (aparte de la memorable
del Universitat de
Barcelona-Andalucía Aifos a poco
de iniciarse el partido): Palau
taponó correctamente una entrada
de Fernández, pero le fue
señalada falta; instintivamente,
la escolta local se quejó
ostensiblemente, aunque
consciente de la gravedad de su
acto pidió perdón con rapidez
juntando las palmas de su palmo.
No hubo clemencia ni tacto por
parte de los árbitros.
Fernández aprovechó los tres
tiros libres y empató el partido
a 70. Pons y Fernández (una
bandeja extraordinaria sorteando
a Breaninovic con un suave toque,
más sus dos últimos tiros
libres -acabó con 9 de 9-)
liquidaron la contienda a favor
de las valencianas.
Lluveras
estalla
La
entrenadora del Universitat de
Barcelona fue muy dura el
arbitraje: "El criterio
arbitral les ha ayudado. En el
último cuarto han defendido en
faltas y así no podemos
ganar". Lluveras centró su
queja en Ángel de Lucas,
árbitro principal del partido:
"Víctor Mas, de la FEB, dio
unas consignas para el arbitraje.
Pues bien, De Lucas no las ha
seguido. No ha pitado según sus
consignas".
Por
su parte, Albert consideraba que
el arbitraje repartió errores y
aciertos en todo el partido:
"Ha sido un arbitraje como
todos". El técnico opinaba
que "todo ha salido
rodado", puesto que había
planteado el partido con siete
jugadoras y que la
"interpretación que han
hecho del partido ha sido muy
buena".
|