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La pívot
norteamericana del Ros Casares Valencia, Michele
Marie Van Gorp, analizó una vez transcurrida la
mitad liguera de la WNBA su papel hasta la fecha
en el conjunto de las Minnesota Lynx. "Me
están dando más oportunidades de anotar y eso
está incidiendo positivamente en mi rendimiento.
Ya no me limito sólo a estar en la zona, sino
que puedo llegar a tirar desde posiciones más
lejanas", señaló la estadounidense.
En su quinta
temporada en el campeonato y a sus 26 años se
está convirtiendo en uno de los referentes de su
equipo, con el que prácticamente ha escalado de
disputar minutos desde el banco a saltar en casi
todas las ocasiones al parqué en el cinco
inicial.
En este
sentido, Van Gorp achaca esta mejora a que se
siente "más cómoda en otras posiciones. Ya no
hago las cosas de forma tan mecánica como antes
y me aprovecho más de las reacciones naturales
que provoca mi juego".
Además, afirma
que el hecho de haber ganado músculo desde su
salida de Duke "es otro de los factores que
han propiciado una mejora, porque he ganado
mucha fuerza y he conseguido poder plantarme en
el poste sin que nadie me desplace como ocurría
anteriormente".
Mucha culpa de
esta mejora se la atribuye a su entrenadora
Suzie McConell y a su compañera Teresa Edwards,
con la que la pívot asegura haber cumplido "el
sueño de jugar junto a ella. Tiene una visión
asombrosa sobre la cancha y aumenta las
prestaciones del resto de sus compañeras".
Por último,
Michele admitió algo que espera poder ofrecer
esta temporada en la Fuente de San Luis. "Estoy
en condiciones de hacer un mate. Suelo hacerlos
en los calentamientos, pero realmente dependo de
cómo se siente mi cuerpo durante el partido".
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