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España consiguió
salvar el escollo de cuartos de final ante su
particular bestia negra de los últimos años,
Serbia. Las balcánicas llegaron a ganar de 10
puntos, pero en la segunda parte la agresiva
zona española se les atragantó y España pudo
remontar con la garra y la pasión que tiene este
equipo (76-64).
La selección se
atascó con la zona serbia. Si bien en las
primeras transiciones, las jugadoras habían
encontrado el camino a canasta (7-2), poco a
poco la bola se fue atragantando en la garganta.
Además, en defensa se estaban realizando mal los
bloqueos directos en los que Serbia se hacía de
oro.
El quinteto
inicial formado por Palau, Camps, Valdemoro,
Pons y Cebrián se molestaban entre ellas,
producto de la poca compenetración. El ritmo era
de las rivales.
A pesar de
cambiar a individual, España tenía los mismos
problemas y Serbia conseguía una distancia
preocupante (15-25). La entrada de Begoña García
cambió el panorama, sobre todo en defensa. Con
su habitual intensidad, la base del Mann Filter
lideró algunos robos. Y Rosi metía un triple que
le daba algo de aire, pero al fin y al cabo, el
problema en ataque se reducía a esos triples
cómodos que no entraban. ¿La causa? Que no se
pensaba en lo que se tenía que pensar.
La selección se
colocó a 6 (23-29), pero Grubin se quedó sola en
una ataque y no falló (23-32). Vuelta a la
brecha. España se volvió a quedar sin fuelle en
ataque y Serbia aprovechó para sumar su máxima
ventaja (24-36, minuto 19). La dinámica no varió
hasta el descanso, incluidos dos tiros libres
fallados de Valdemoro (28-38).
Pons era la
máxima anotadora de la selección (12 puntos),
aprovechando balones doblados o penetraciones.
Muy lejos del registro de la ala-pívot estaba
Valdemoro (5), demasiado espesa y precipitada.
En global, 7/31 en tiros de campo...
Había que hacer
algo. España dio la sensación de haberse
aprendido la lección en defensa. Ahora eran las
serbias las que tenían más dificultades para
tirar. Amaya lograba un electrizante 2+1
(33-38), rápidamente contestado por Vilipic,
pero ya decimos: la sensación era distinta. La
mentalización era distinta.
Naturalmente
Serbia no iba a dejar escapar una ventaja así
como así. Por algo son balcánicas (35-45). Había
que lograr un par de buenas defensas y
rentabilizarlas en ataque y así fue (41-47,
minuto 27). Pero ni el tiempo muerto muerto
serbio consiguió cambiar las cosas. La entrada
de Rosi y la zona fueron providenciales. Un
triple de la canaria nos ponía a 3, un robo y
bandeja de de Amaya a 1 y un robo de Rosi más
una canasta de Cebrián, por fin, por delante
(48-47).
Los aficionados
españoles vibraban (vibrábamos) con esa ración
de raza que nunca falta en España. La última
posesión del tercer cuarto se inició uno abajo
(50-51). Palau penetró y dobló hacia Ferragut,
que enchufó ese triple que en la primera parte
nunca habría entrado (53-51).
La dinámica del
tobogán en la que entró el enfrentamiento era
peligroso (55-55), pero entonces surgió la
figura de Ferragut, quien tocada por los dioses
(griegos, cristianos o budistas), clavó dos
triples brutales (63-57). Tras un tiempo muerto
serbio, Rosi robó un balón y se lo cedió a Palau
(65-57).
España seguía
delante en el minuto 37 (67-59). Nos faltaba
algo definitivo: un triple asesino de Palau
(70-59)... cuya factura tenía IVA: robo y
bandeja de Amaya (72-59). De ahí hasta el final,
la victoria fue cuestión de dejar pasar los
segundos (76-64).
Declaraciones
Vicente
Rodríguez opinaba al final que "en la primera
parte tuvimos un estado de ansiedad que no nos
permitía jugar bien. Queríamos remontar 8 puntos
en un solo ataque". La clave para el
seleccionador fue el cambio a zona, pero "no
esperaba que se les atascase tanto".
Por su parte,
Rosi Sánchez no podía explicarse cómo había
cambiado tan radicalmente el partido: "Defendimos
mucho más agresivo con la zona, que se le atascó
y pusimos lo que hay que poner en este tipo de
partidos: corazón y mucha cabeza". La
escolta grancanaria confesaba haber visto el
partido perdido "en la primera parte, porque
veía al equipo un poco perdido, con la tensión
que genera que un equipo se te vaya. Esa tensión
nos hizo jugar mal". "La zona les cambió
la cara y ahí lo vi ganado", concluía
Sánchez.
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