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España logró el
objetivo que se había marcado hace cuatro años.
Volver a unos Juegos Olímpicos y disputarlos por
méritos deportivos. Tuvo que pelearlo hasta el
último segundo del último partido, porque
Polonia le disputó la medalla de bronce a la
selección hasta el final (81-87). España debió
sobreponerse a un horroroso comienzo, para
volver desde los infiernos y ganarse un hueco
entre los dioses. España estará en Atenas'04.
¡Qué negro se veía
el panorama en el minuto 12! Veinte puntos abajo
(34-14) y, aparentemente, sin gasolina. La zona
dispuesta desde el inicio por Polonia secó las
ideas españolas. Si por lo menos la defensa
hubiese funcionado, pero las jugadoras llegaban
tarde y las polacas se dedicaban a meterlo todo.
Bibrzycka se
comía a Valdemoro. La joven escolta disfrutaba
en la pista: robaba balones en defensa, metía
los triples,... Catorce puntos llevaba. Ella fue
la que cerró el primer cuarto con un lanzamiento
lejano para endosar 29 puntos.
España
reaccionó con la entrada de Rosi Sánchez.
Nuevamente su sangre fría ayudó a abrir la lata
polaca. La escolta canaria sumó dos triples
seguidos y, a su rebufo, se unieron Palau y
Valdemoro (36-26). Para abrir zonas, lo mejor
son los triples y la selección clavó cuatro.
Hertz la tuvo que quitar, Dydek incluida.
Los problemas
de personales en las pívots afloraron: Cebrián
tenía tres y Pascua cuatro. Eso en el minuto 16
aún (39-29). La reacción se quedó en eso, puesto
que la individual también atascó la lucidez
española, mientras en ataque se lucían desde la
larga distancia para superar la zona de las de
Cholas Rodríguez (49-35).
Los números al
descanso eran esclarecedores de la situación.
Mientras ocho polacas habían logrado anotar, en
el combinado español sólo cuatro (Rosi, Palau,
Valdemoro y Ferragut) estaban afinadas de cara a
aro. El problema no estaba realmente delante,
sino atrás donde España no estaba con la
solvencia física de anteriores choques. Y,
además, Polonia estaba inspirada desde tres
(5/8) y desde 4'60 (18/20).
La primera
acción del tercer cuarto ya dio una nueva
impresión. Buena defensa de la penetración,
recuperación de la pelota y contraataque
fulminante de Fernández. En defensa la
intensidad era mayor y se facilitaron canastas
sencillas, pero Polonia lo bordaba (57-44). No
había manera de acercarse. Ni con Fernández
sumando su sexto punto, ni con la entrada de
Martínez, ni tampoco subiendo la línea de
presión (67-51), ni con el habitual arranque de
turno (67-56). A falta de 9 minutos para el
sueño olímpico, España debía obrar el Gran
Milagro Olímpico (73-56).
Y, por
increíble que parezca, lo hizo. Nuria Martínez y
Marta Fernández se echaron al equipo a sus
espaldas con su habitual desparpajo y España
empezó a morder como no lo había hecho en el
partido desde la defensa, con transiciones
rápidas. Marta culminaba esa reacción con un
triplazo (73-65, minuto 34). Valdemoro y Rosi,
se unían al festival con sendos triples (75-71).
Polonia sentía la presión. Bibrzycka, en un
detalle revelador, se quedaba sola en el triple
y no miraba aro, para fallar su tiro de 3
metros. Ya no era la jugadora que desbordaba a
Amaya. Las polacas tenían un nudo en la garganta
y la muñeca agarrotada.
Martínez metió
otro supertriple para ponerse a uno (79-78). La
propia base empataba el partido (79-79).
Piesztrinska colocaba a Polonia por delante con
un reverso bien ejecutado (81-79) y la respuesta
la daba SuperNuria con otra bandeja (81-81).
Acto seguido, tras otra gran defensa, Fernández
se jugaba el 1x1 más importante de su vida y,
con un tiro de 4 metros, realizó lo
inimaginable: España por delante (81-83).
¡¡¡ESPAÑA POR
DELANTE!!!
Palau (dos
tiros libres de pura serenidad olímpica) y Rosi
(la bandeja más dulce de su vida) subían el
81-87 final. Y estas 12 jugadoras ya eran
olímpicas... y medalla de bronce... y estaban
clasificadas para el Europeo de Turquía'05... y,
probablemente, para el Mundial de Brasil'06.
Las jugadoras
se fundieron en abrazos, mientras que algunas
lloraban por cómo se había logrado ese sueño
olímpico. Los fieles seguidores de la selección
aplaudían exhaustos desde la barandilla. El
triunfo también había sido suyo.
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