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OPINIÓN |
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Nos hubiera gustado otra salida
para Rosi Sánchez, la mejor jugadora con diferencia del
baloncesto canario. Entendemos que era justo y necesario que
terminara su carrera deportiva en Gran Canaria.
El deporte en general, y el
baloncesto en particular, no está sobrado de deportistas de la
talla deportiva e intelectual de Rosi. Era y es un ejemplo para
generaciones venideras y su falta no sólo está en la pista.
También faltará su ejemplo humano y dedicación.
Al mismo tiempo, entendemos que
ella, la que fuera santo y seña de este equipo, no debió irse
así, sin más, con una escueta nota de prensa.
Ella se merecía algo más. Mucho
más.
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Rosi Sánchez
despejó la incógnita y se marchará a jugar a
Italia, concretamente al recién ascendido
Caserta. Tras muchas jornadas para pensárselo,
optó por la oferta italiana: "Lo tengo
decidido y no me pueden esperar más. Me iré
mañana y el domingo jugaré mi primer partido
oficial. Me hubiera gustado irme de otra forma,
pero todo se ha precipitado en las últimas horas",
reconoció ante los micrófonos de Salto
Inicial de Canal 9 Radio.
Se consuma así la
dinámica emprendida al final de la temporada
pasada con la marcha de Thania Quintero y
Lourdes Peláez. En septiembre fue su entrenador
Domingo Díaz el que hizo las maletas y fichó por
el Ros Casares, y ahora es la jugadora
franquicia de este club la que dice adiós. Se
derrumban de esta forma los pilares
fundamentales de un club basado en la cantera,
que tiene en su haber ser el equipo que más
temporadas ha permanecido en la máxima división
del baloncesto femenino español.
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