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Miércoles,
24-12-2003
Aridane Ávila
Redacción
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Era una noche de
las que pocas o ninguna vez se olvidan. Por lo
menos yo no la olvidaré nunca.
Se me hacia tarde y llegué al pabellón, ese
Centro Insular que tantas veces ha sido la casa
de mis pasiones y que suponía que esa noche no
me iba a defraudar, por lo menos mis nervios me
acompañaban. Son esos nervios que gustan porque
sin querer te hacen sentir la pasión por este
bendito deporte, así que con una tila ya me
bastó.
Me encantan los pabellones que te llevan a la
pista y por suerte el CID es uno de ellos, así
que nada más salir me encontré con todo el
panorama.
Volvía Mingo a la cancha donde había ganado una
Ronchetti y donde tantas veces habían salido
jugadoras que engrandecieron un poco más la
historia de ese club, su club. Enfrente, su
aprendiz, Maikel López, al que las cosas no le
van mal. A nivel personal, creo que Cajacanarias
no se ha equivocado con él. Espero que el tiempo
no me quite la razón.
El partido, y para que no se aburran, fue de lo
mejorcito de esta temporada: vibrante,
emocionante y para acabar con el delirio de los
locales con victoria del anfitrión ante el
todopoderoso Ros Casares.
Y por la pregunta que todos se harán: No, no
hubo tongo. Cajacanarias jugó de miedo.
Pero de lo que especialmente me gustaría hacer
mención es del acto que aconteció en la media
parte. Se reunió la historia, se reunió el
baloncesto femenino en Canarias, se reunió
porque hacía falta, se reunió para rendirle
homenaje al que hoy por hoy es el mejor
entrenador canario de todos los tiempos, Domingo
Díaz. Se juntaron todos los equipos históricos
del club y con uno destacando sobre el resto,
ese mismo que logró ese ascenso que representó
el estar 20 años en la máxima categoría sin
pausa. Desde Begoña Santana (¿si se pudiese
fichar tendría precio hoy en día?) hasta Ana
Rosa Carballo (embarazada por cierto,
¡felicidades!) pasando por las históricas Gloria
Cabrera, Mariló Rosales o las “juniors” en
aquella época Loly Díaz o Loly Monzón. El
entrenador no hace falta que lo nombremos,
Domingo Díaz.
Aquella fase de ascenso fue mágica. Por aquel
entonces el equipo recibía el nombre de “Casa
Galicia” y la fase de ascenso se disputaba en
León. No eran favoritas. Equipos como el Adepaf
de Figueres o “La Unión” de Madrid presentaban
un mayor potencial, pero plantándose en la final
lograron el pase a esa categoría en la que hoy
todavía permanecen como equipo temible. Aquel
año 1983 representó el inicio de la elite y la
confirmación de la cantera tan productiva
durante años y que tan productiva será con las
jóvenes que nos vienen, Adara Vega, Saray
Betancort y un largo etcétera.
No nos podemos olvidar del resto de equipos
homenajeados, desde el equipo de veteranas hasta
la última generación del año 80, donde pudimos
reconocer a una Patri Benítez que actualmente
juega en Tenerife y otros equipos que son
historia viva del club de Escaleritas.
Anoche fue "la noche", donde uno se da cuenta
que la magia existe, que los sueños se hacen
realidad y donde me reafirmé que el baloncesto
es mucho más que 4 cuartos: es el hechizo de
mucha gente que vive por y para este deporte y
un buen ejemplo de este tipo de personas son
Domingo Díaz y Begoña Santana.
Gracias por darnos lo que hoy hace feliz a
tantas niñas y a muchos mayores, gracias por no
decaer en vuestro esfuerzo. Gracias. Y gracias a
todos esos anónimos que también forman parte de
este trabajo.
Me fui mucho más relajado de lo que llegué, se
lo puedo asegurar, y con la tranquilidad de que
se va a estar en Palma, lo que ocurra allí será
otra historia. Ahora siempre se me quedará esta
noche en la mente y se juntará con otras tantas
que ya nos ha dado este equipo.
Gracias y suerte, nunca caminaréis solas.
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