La magia del 22 de diciembre
 
 
Miércoles, 24-12-2003
Aridane Ávila

Redacción

Era una noche de las que pocas o ninguna vez se olvidan. Por lo menos yo no la olvidaré nunca.

Se me hacia tarde y llegué al pabellón, ese Centro Insular que tantas veces ha sido la casa de mis pasiones y que suponía que esa noche no me iba a defraudar, por lo menos mis nervios me acompañaban. Son esos nervios que gustan porque sin querer te hacen sentir la pasión por este bendito deporte, así que con una tila ya me bastó.

Me encantan los pabellones que te llevan a la pista y por suerte el CID es uno de ellos, así que nada más salir me encontré con todo el panorama.

Volvía Mingo a la cancha donde había ganado una Ronchetti y donde tantas veces habían salido jugadoras que engrandecieron un poco más la historia de ese club, su club. Enfrente, su aprendiz, Maikel López, al que las cosas no le van mal. A nivel personal, creo que Cajacanarias no se ha equivocado con él. Espero que el tiempo no me quite la razón.

El partido, y para que no se aburran, fue de lo mejorcito de esta temporada: vibrante, emocionante y para acabar con el delirio de los locales con victoria del anfitrión ante el todopoderoso Ros Casares.

Y por la pregunta que todos se harán: No, no hubo tongo. Cajacanarias jugó de miedo.

Pero de lo que especialmente me gustaría hacer mención es del acto que aconteció en la media parte. Se reunió la historia, se reunió el baloncesto femenino en Canarias, se reunió porque hacía falta, se reunió para rendirle homenaje al que hoy por hoy es el mejor entrenador canario de todos los tiempos, Domingo Díaz. Se juntaron todos los equipos históricos del club y con uno destacando sobre el resto, ese mismo que logró ese ascenso que representó el estar 20 años en la máxima categoría sin pausa. Desde Begoña Santana (¿si se pudiese fichar tendría precio hoy en día?) hasta Ana Rosa Carballo (embarazada por cierto, ¡felicidades!) pasando por las históricas Gloria Cabrera, Mariló Rosales o las “juniors” en aquella época Loly Díaz o Loly Monzón. El entrenador no hace falta que lo nombremos, Domingo Díaz.

Aquella fase de ascenso fue mágica. Por aquel entonces el equipo recibía el nombre de “Casa Galicia” y la fase de ascenso se disputaba en León. No eran favoritas. Equipos como el Adepaf de Figueres o “La Unión” de Madrid presentaban un mayor potencial, pero plantándose en la final lograron el pase a esa categoría en la que hoy todavía permanecen como equipo temible. Aquel año 1983 representó el inicio de la elite y la confirmación de la cantera tan productiva durante años y que tan productiva será con las jóvenes que nos vienen, Adara Vega, Saray Betancort y un largo etcétera.

No nos podemos olvidar del resto de equipos homenajeados, desde el equipo de veteranas hasta la última generación del año 80, donde pudimos reconocer a una Patri Benítez que actualmente juega en Tenerife y otros equipos que son historia viva del club de Escaleritas.

Anoche fue "la noche", donde uno se da cuenta que la magia existe, que los sueños se hacen realidad y donde me reafirmé que el baloncesto es mucho más que 4 cuartos: es el hechizo de mucha gente que vive por y para este deporte y un buen ejemplo de este tipo de personas son Domingo Díaz y Begoña Santana.

Gracias por darnos lo que hoy hace feliz a tantas niñas y a muchos mayores, gracias por no decaer en vuestro esfuerzo. Gracias. Y gracias a todos esos anónimos que también forman parte de este trabajo.

Me fui mucho más relajado de lo que llegué, se lo puedo asegurar, y con la tranquilidad de que se va a estar en Palma, lo que ocurra allí será otra historia. Ahora siempre se me quedará esta noche en la mente y se juntará con otras tantas que ya nos ha dado este equipo.

Gracias y suerte, nunca caminaréis solas.

 

 

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