OPINIÓN

     

Viernes, 29-03-2002
DANIEL ALENTO
Periodista

Rebelde con Causa


Me pones en un compromiso
 
La historia de la dudosa existencia de esta columna empieza con una fatídica frase: "Oye, ya que sabes tanto de baloncesto, ¿por qué no escribes algo para esta página web?". No hay escapatoria posible. Ningún especimen ibérico podría negarse. Eso sería lo mismo que admitir que nuestros conocimientos de este deporte no son tan profundos como nuestro entorno cree. ¡Nuestra posición privilegiada en peligro! Y lo que es peor, nuestro orgullo, ¡tocado y hundido! No, la retirada no es una opción válida.

Y sin embargo, en nuestro interior, lo sabemos. Una vez empiezas a escribir, la evidencia es innegable. ¡No sabemos tanto de baloncesto como creíamos! Y ahora, ¿de qué hablamos? No nos queda más remedio que empezar a vender humo en nuestra alocada huida hacia adelante. No os extrañéis. Esto es algo habitual. Cuatro frases hechas, un par de tópicos comunes, y una conclusión lapidaria que reafirme nuestra autoridad moral como uno de los gurús del baloncesto.

Los latinos somos una gente muy comunicativa. Nos gusta hablar sin parar, aunque no tengamos ni idea de lo que estamos hablando. Y en el caso del basket, es imposible ver todos los partidos, conocer los movimientos de los jugadores, las jugadas que los diferentes entrenadores han preparado (todos tienen alguna, aunque los hay que lo disimulan muy bien) o las particularidades de cada árbitro. El recurso más fácil es la estadística, la verdadera estrella del mundo de la canasta.

Podemos opinar si un equipo ha defendido bien a partir de las pérdidas de pelota que su rival ha tenido o comparando sus rebotes defensivos con los ofensivos de su contrincante. Podemos valorar si ha movido bien la pelota por el número de asistencias o su porcentaje de tiro. Podemos incluso determinar el desarrollo de un partido mirando los diferentes parciales. Y aunque creamos estar en lo cierto, no estaremos explicando toda la verdad.

La Estadística es una de las disciplinas más mentirosas del conocimiento humano. El que un país tenga una renta per cápita de 1.000 euros no quiere decir que todos sus habitantes reciban ese dinero. Muy problamente unos pocos privilegiados recibirán 10 veces esa cantidad, y muchos desfavorecidos malvivirán con una décima parte de la renta per cápita. En el baloncesto los números están más acotados. Sabemos los puntos, rebotes, asistencias y tapones de cada jugador. Y sin embargo, no reflejan otros aspectos. Roberto Dueñas puede no poner ningún tapón pero ¿cuántos tiros ha hecho fallar a sus contrarios? Alberto Herreros puede fallar todos sus triples, pero ¿cuántos espacios ha abierto para sus pívots simplemente por estar sobre el parquet? Carlos Cabezas o Andrés Nocioni pueden no haber dado ninguna asistencia o anotado ningún punto, pero ¿qué me decís de la adrenalina que hacen correr por las venas de sus compañeros?

Con la presencia de Pau Gasol en la NBA se ha extendido la fiebre de las estadísticas. Todos miramos sus números con lupa, y discutimos si falla muchos tiros libres, le reprochamos que tal vez pierda demasiados balones, y alabamos su acierto en los tiros de campo, así como su capacidad para anotar. Y sin embargo, ¿cuántos partidos enteros le hemos visto? La estadística es una herramienta más (yo diría incluso que una excelente herramienta), pero no es la verdad absoluta. Que una mala estadística no os oculte un buen partido.

 

masbasket@masbasket.com
© masBasket, 2002