| La historia de la
dudosa existencia de esta columna
empieza con una fatídica frase:
"Oye, ya que sabes tanto de
baloncesto, ¿por qué no
escribes algo para esta página web?".
No hay escapatoria posible.
Ningún especimen ibérico
podría negarse. Eso sería lo
mismo que admitir que nuestros
conocimientos de este deporte no
son tan profundos como nuestro
entorno cree. ¡Nuestra posición
privilegiada en peligro! Y lo que
es peor, nuestro orgullo,
¡tocado y hundido! No, la
retirada no es una opción
válida. Y sin embargo, en
nuestro interior, lo sabemos. Una
vez empiezas a escribir, la
evidencia es innegable. ¡No
sabemos tanto de baloncesto como
creíamos! Y ahora, ¿de qué
hablamos? No nos queda más
remedio que empezar a vender humo
en nuestra alocada huida hacia
adelante. No os extrañéis. Esto
es algo habitual. Cuatro frases
hechas, un par de tópicos
comunes, y una conclusión
lapidaria que reafirme nuestra
autoridad moral como uno de los
gurús del baloncesto.
Los latinos somos
una gente muy comunicativa. Nos
gusta hablar sin parar, aunque no
tengamos ni idea de lo que
estamos hablando. Y en el caso
del basket, es imposible
ver todos los partidos, conocer
los movimientos de los jugadores,
las jugadas que los diferentes
entrenadores han preparado (todos
tienen alguna, aunque los hay que
lo disimulan muy bien) o las
particularidades de cada
árbitro. El recurso más fácil
es la estadística, la verdadera
estrella del mundo de la canasta.
Podemos opinar si
un equipo ha defendido bien a
partir de las pérdidas de pelota
que su rival ha tenido o
comparando sus rebotes defensivos
con los ofensivos de su
contrincante. Podemos valorar si
ha movido bien la pelota por el
número de asistencias o su
porcentaje de tiro. Podemos
incluso determinar el desarrollo
de un partido mirando los
diferentes parciales. Y aunque
creamos estar en lo cierto, no
estaremos explicando toda la
verdad.
La Estadística es
una de las disciplinas más
mentirosas del conocimiento
humano. El que un país tenga una
renta per cápita de 1.000 euros
no quiere decir que todos sus
habitantes reciban ese dinero.
Muy problamente unos pocos
privilegiados recibirán 10 veces
esa cantidad, y muchos
desfavorecidos malvivirán con
una décima parte de la renta per
cápita. En el baloncesto los
números están más acotados.
Sabemos los puntos, rebotes,
asistencias y tapones de cada
jugador. Y sin embargo, no
reflejan otros aspectos. Roberto
Dueñas puede no poner ningún
tapón pero ¿cuántos tiros ha
hecho fallar a sus contrarios?
Alberto Herreros puede fallar
todos sus triples, pero
¿cuántos espacios ha abierto
para sus pívots simplemente por
estar sobre el parquet? Carlos
Cabezas o Andrés Nocioni pueden
no haber dado ninguna asistencia
o anotado ningún punto, pero
¿qué me decís de la adrenalina
que hacen correr por las venas de
sus compañeros?
Con la presencia
de Pau Gasol en la NBA se ha
extendido la fiebre de las
estadísticas. Todos miramos sus
números con lupa, y discutimos
si falla muchos tiros libres, le
reprochamos que tal vez pierda
demasiados balones, y alabamos su
acierto en los tiros de campo,
así como su capacidad para
anotar. Y sin embargo, ¿cuántos
partidos enteros le hemos visto?
La estadística es una
herramienta más (yo diría
incluso que una excelente
herramienta), pero no es la
verdad absoluta. Que una mala
estadística no os oculte un buen
partido.
|