OPINIÓN

     

Viernes, 19-04-2002
DANIEL ALENTO
Periodista

Rebelde con Causa


Que alguien me lo explique
 
Este humilde columnista tenía previsto dedicar a Gasol su habitual espacio. Sí, porque aunque los más incrédulos duden, los columnistas no escribimos sobre lo primero que les pasa por la cabeza. (Bueno, yo no.) Hay una rigurosa planificación, y una búsqueda constante de temas interesantes con los que atraer vuestra atención. Pero de vez en cuando, algún irresponsable decide extralimitarse y lo manda todo al garete.

Tenía pensado escribir sobre qué pasaría si Gasol no era elegido mejor debutante de la NBA, una posibilidad remota al principio de la temporada y ya casi una realidad evidente al final de la fase regular. Sus últimas actuaciones, que le han aupado a ser el mejor debutante del salvaje Oeste en marzo, han acabado con el artículo antes de que empezase a escribirlo.

Así que me he decidido a ser original. Ya que estamos en espacio dedicado al basket femenino, escribiré sobre mujeres. O mejor dicho, sobre su ausencia. De los banquillos. ¿Cuántas entrenadoras hay en la máxima categoría femenina en nuestro país? ¿Y en la WNBA?

El caso de Carme Lluveras empezó como anecdótico para convertirse en excepcional. De entrenar un equipo masculino, el Aracena, a llevar al Universitari a liderar la fase regular de la Liga Femenina. Su gran trabajo con los jóvenes del Aracena le valió las riendas de un proyecto ganador en la Liga Femenina, previo paso por la Universidad de Saint John's para adquirir conocimientos (más aún).

Y es que ya no me pregunto cuántas mujeres hay en los banquillos; ya me interrogo acerca de cuántas hay en equipos con proyectos ambiciosos. Casos como los de la legendaria Pat Summitt con Tennessee en la Liga Universitaria norteamericana, o Carme Lluveras en España, son contados. Nos causa mucha extrañeza ver una mujer en el banquillo de un equipo masculino (y ya no hablo solamente de basket), y ninguna ver lo contrario, un hombre entrenando un equipo femenino.

¿Cuál es el motivo de esta ausencia? No lo sé, y eso es lo que espero que alguien me aclare. No me valen argumentos machistas. Eso sería demasiado fácil, e incluso grosero. No aceptaré dudas acerca de la capacidad de la mujer para asumir responsabilidades, puesto que lo hacen diariamente en muchos ámbitos. Tampoco dudaré de su capacidad para ejercer cargos de responsabilidad, puesto que hay bastantes cargos directivos ocupados por ellas. ¿O tal vez no tantas? ¿Es ésta la razón oculta? Quizás sea una, aunque creo que hay más. ¡Que alguien me las explique, por favor!

 

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