| La
desaparición, o renuncia a la
categoría de élite, de una
entidad deportiva por motivos
económicos en nuestro país por
fortuna no es un hecho frecuente
(todavía), pero tampoco nos
extraña que el Club Baloncesto
Navarra haya tomado la decisión
de dejar la LFB. Hace unos años,
este equipo tomó la decisión de
abandonar (de modo esperpéntico)
la Copa Ronchetti en plena
competición. Los dirigentes del
club tomaron esta drástica
decisión porque no podían
afrontar el gasto de los
desplazamientos por Europa: las
jugadoras tuvieron que dejarse
ganar, y así quedar eliminadas.
¿Qué se debe sentir cuando el
deseo te empuja a ganar pero la
razón te empuja a hacer lo
contrario? Los
rectores del club, con Blanca
Armendáriz y Juan Ustárroz a la
cabeza, han intentado, sin mucho
éxito, conseguir subvenciones de
las instituciones públicas para mantener
a flote al club. Según el
Navarra éstas han desoído las
peticiones de auxilio. ¿Deben
sostener las instituciones públicas
mantener económicamente
iniciativas privadas que sean
deficitarias? Y la respuesta es:
depende. Aquellas iniciativas
privadas que persigan también el
interés público (o lo fomenten
sin ser su principal cometido)
deben contar con el apoyo del
poder público. ¿El Navarra es
de interés público para los
navarros?
En
primer lugar damos por hecho que
el fomento de la práctica
deportiva es una de las
obligaciones de las autoridades
en un Estado del Bienestar como
es el que tenemos. El Navarra era
actualmente el buque insignia
del baloncesto de la región (contando
las categorías masculina y
femenina) y su trabajo de cantera
contribuía al desarrollo del
deporte navarro, en especial del
femenino. Además, al ser un
equipo de División de Honor, el
trabajo que se realizaba tenía
una mayor repercusión, dentro y
fuera de Navarra. Recordemos que
estamos ante un equipo de
baloncesto no profesional, aunque
tampoco negamos que los
profesionales, en su búsqueda
del lucro, no produzcan un
beneficio público.
Los
profesionales del deporte
producen un beneficio social,
porque se enseña a los jóvenes
a practicar un deporte y se les
aleja de las lacras de la vida
moderna (drogas, alcohol...). Hay
un espejo en que los niños se
reflejan. Al aplicar al fútbol
(para que el ejemplo sea más
vivo) lo que queremos expresar,
los pequeños persiguen una
pelota emulando los regates de Raúl
o Saviola, porque son figuras
a las que un niño desea imitar.
Dejemos
el caso particular del Navarra y
hagamos la siguiente reflexión:
Ante
un éxito los clubes,
generalmente, acuden a las sedes
de los Gobiernos (municipales,
autonómicos, nacionales) para
ofrecer el triunfo a los
ciudadanos a los que creen
representar. También, por
tradición cultural, se rinde
visita a algún templo religioso.
El poder político recibe con los
brazos abiertos la iniciativa del
equipo victorioso (y de algún
modo este poder extrae algún
beneficio por ello). Ahora
pensemos en la situación
inversa. ¿El poder acude a
interesarse por la situación de
un club cuando éste padece una
crisis extrema? Y la respuesta
es: no siempre. Visitar el
Ayuntamiento para ofrecer un éxito
(o cualquier otra circunstancia)
a la ciudad lleva implícita una
petición de protección. (Prácticas
como ésta ya se hacían en la
Edad Media.) Si el Ayuntamiento
(el poder público en general) no
puede garantizar su apoyo,
entonces no debería aceptar este
tipo de ofrendas.
Sin
embargo, las instituciones públicas
no deberían ser los únicos
apoyos económicos, porque con
todos sus indudables beneficios,
el deporte no genera dinero para
construir hospitales, ni para
edificar carreteras. Es un bien
intangible, de bienestar social.
Y esa imagen, generalmente buena,
es la que los patrocinadores
consideran para publicitarse. No
obstante, la LFB aún no es un
mercado donde la marca vaya a
encontrar con plena seguridad un
beneficio económico. La clandestinidad
en los medios, principalmente
televisiva, sigue siendo una losa
demasiado pesada para la
viabilidad económica de la LFB.
Y son los medios los que
proporcionan esa imagen a la que
aludíamos.
Ahora,
sin el equipo en la LFB a los
aficionados del Navarra sólo les
queda la esperanza de un futuro
regreso a la competición de la
que no han debido salir tras
finalizar esta temporada. El
terreno de juego es el único
lugar en donde se ha de decidir
qué equipos permanecen en una
categoría o en otra. En la campaña
2001-2002 el Navarra se ganó el
derecho a competir en la
siguiente edición de la LFB. Si
el sustrato baloncestístico es
fuerte, el regreso a la élite sólo
es cuestión de tiempo. En
Zaragoza lo había cuando el CAI
(masculino) y el Cajalón
(femenino) se fueron a pique.
Tras un tiempo, los aficionados
al baloncesto de la ciudad
vuelven a tener equipos en la élite:
el Filtros Mann (LFB) y el Basket
Zaragoza (en LEB a la espera de
comprar una plaza en la Liga
ACB).
No
podemos pensar en una vuelta del
Navarra mientras la situación
sea la actual. No se puede
tropezar más veces en la misma
piedra, porque esto no es sino un
aviso para otros conjuntos cuya
situación e ingresos económicos
no son excesivamente boyantes.
Sin embargo, confiamos en que se
avance hacia un escenario mucho más
apropiado y el segundo deporte
con mayor participación infantil
en Navarra (sí, el baloncesto)
vuelva a pasearse con todos los
honores por las pistas de toda
España. Con Ustárroz o sin él.
Tiempo al tiempo.
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