OPINIÓN

     

Viernes, 21-06-2002
MASBASKET

Editorial


Navarra
 
La desaparición, o renuncia a la categoría de élite, de una entidad deportiva por motivos económicos en nuestro país por fortuna no es un hecho frecuente (todavía), pero tampoco nos extraña que el Club Baloncesto Navarra haya tomado la decisión de dejar la LFB. Hace unos años, este equipo tomó la decisión de abandonar (de modo esperpéntico) la Copa Ronchetti en plena competición. Los dirigentes del club tomaron esta drástica decisión porque no podían afrontar el gasto de los desplazamientos por Europa: las jugadoras tuvieron que dejarse ganar, y así quedar eliminadas. ¿Qué se debe sentir cuando el deseo te empuja a ganar pero la razón te empuja a hacer lo contrario?

Los rectores del club, con Blanca Armendáriz y Juan Ustárroz a la cabeza, han intentado, sin mucho éxito, conseguir subvenciones de las instituciones públicas para mantener a flote al club. Según el Navarra éstas han desoído las peticiones de auxilio. ¿Deben sostener las instituciones públicas mantener económicamente iniciativas privadas que sean deficitarias? Y la respuesta es: depende. Aquellas iniciativas privadas que persigan también el interés público (o lo fomenten sin ser su principal cometido) deben contar con el apoyo del poder público. ¿El Navarra es de interés público para los navarros?

En primer lugar damos por hecho que el fomento de la práctica deportiva es una de las obligaciones de las autoridades en un Estado del Bienestar como es el que tenemos. El Navarra era actualmente el buque insignia del baloncesto de la región (contando las categorías masculina y femenina) y su trabajo de cantera contribuía al desarrollo del deporte navarro, en especial del femenino. Además, al ser un equipo de División de Honor, el trabajo que se realizaba tenía una mayor repercusión, dentro y fuera de Navarra. Recordemos que estamos ante un equipo de baloncesto no profesional, aunque tampoco negamos que los profesionales, en su búsqueda del lucro, no produzcan un beneficio público.

Los profesionales del deporte producen un beneficio social, porque se enseña a los jóvenes a practicar un deporte y se les aleja de las lacras de la vida moderna (drogas, alcohol...). Hay un espejo en que los niños se reflejan. Al aplicar al fútbol (para que el ejemplo sea más vivo) lo que queremos expresar, los pequeños persiguen una pelota emulando los regates de Raúl o Saviola, porque son figuras a las que un niño desea imitar.

Dejemos el caso particular del Navarra y hagamos la siguiente reflexión:

Ante un éxito los clubes, generalmente, acuden a las sedes de los Gobiernos (municipales, autonómicos, nacionales) para ofrecer el triunfo a los ciudadanos a los que creen representar. También, por tradición cultural, se rinde visita a algún templo religioso. El poder político recibe con los brazos abiertos la iniciativa del equipo victorioso (y de algún modo este poder extrae algún beneficio por ello). Ahora pensemos en la situación inversa. ¿El poder acude a interesarse por la situación de un club cuando éste padece una crisis extrema? Y la respuesta es: no siempre. Visitar el Ayuntamiento para ofrecer un éxito (o cualquier otra circunstancia) a la ciudad lleva implícita una petición de protección. (Prácticas como ésta ya se hacían en la Edad Media.) Si el Ayuntamiento (el poder público en general) no puede garantizar su apoyo, entonces no debería aceptar este tipo de ofrendas.

Sin embargo, las instituciones públicas no deberían ser los únicos apoyos económicos, porque con todos sus indudables beneficios, el deporte no genera dinero para construir hospitales, ni para edificar carreteras. Es un bien intangible, de bienestar social. Y esa imagen, generalmente buena, es la que los patrocinadores consideran para publicitarse. No obstante, la LFB aún no es un mercado donde la marca vaya a encontrar con plena seguridad un beneficio económico. La clandestinidad en los medios, principalmente televisiva, sigue siendo una losa demasiado pesada para la viabilidad económica de la LFB. Y son los medios los que proporcionan esa imagen a la que aludíamos.

Ahora, sin el equipo en la LFB a los aficionados del Navarra sólo les queda la esperanza de un futuro regreso a la competición de la que no han debido salir tras finalizar esta temporada. El terreno de juego es el único lugar en donde se ha de decidir qué equipos permanecen en una categoría o en otra. En la campaña 2001-2002 el Navarra se ganó el derecho a competir en la siguiente edición de la LFB. Si el sustrato baloncestístico es fuerte, el regreso a la élite sólo es cuestión de tiempo. En Zaragoza lo había cuando el CAI (masculino) y el Cajalón (femenino) se fueron a pique. Tras un tiempo, los aficionados al baloncesto de la ciudad vuelven a tener equipos en la élite: el Filtros Mann (LFB) y el Basket Zaragoza (en LEB a la espera de comprar una plaza en la Liga ACB).

No podemos pensar en una vuelta del Navarra mientras la situación sea la actual. No se puede tropezar más veces en la misma piedra, porque esto no es sino un aviso para otros conjuntos cuya situación e ingresos económicos no son excesivamente boyantes. Sin embargo, confiamos en que se avance hacia un escenario mucho más apropiado y el segundo deporte con mayor participación infantil en Navarra (sí, el baloncesto) vuelva a pasearse con todos los honores por las pistas de toda España. Con Ustárroz o sin él. Tiempo al tiempo.

 

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