| El
arranque de temporada del
conjunto de Valencia ha sido un
tanto decepcionante. A la
irregularidad de las extranjeras
(Mila Nikolic fue cortada) se une
el juego poco consistente en
ataque y las dificultades para
hacerse un hueco en Europa, todo
lo cual sorprende porque el Ros
Casares aspiraba a todo al
principio de la campaña. Los que
apostaron por que el Ros iba a
despegar en Europa se están
equivocando de nuevo y todo ello
por una falta de ambición y de
definición en la elección de
algunas jugadoras, en especial de
las extranjeras. La decisión
arriesgada de dejar partir a
Shannon Johnson puede pasar
factura, sobre todo en Europa
donde se necesitan jugadoras
determinantes. Lo curioso es que
en la pretemporada se hablaba de
traer a Margo Dydek y a Lisa
Leslie, algo que parece
inalcanzable. Una
pareja así, sin duda, superaría
al inolvidable dúo
Edwards-McClain y dejaría atrás
los problemas del equipo
valenciano en su juego interior.
Pero soñar, en este caso, cuesta
dinero y esas dos jugadoras no
iban a venir gratis. Sí
vinieron, por el contrario, Ruth
Riley, una gran promesa USA, y
Nikolic, una apuesta personal de
Miki Vukovic. La primera carece
de experiencia en Europa y su
adaptación se está realizando
bajo claro-oscuros. La segunda,
sin embargo, no tenía la calidad
suficiente como para jugar en un
equipo como el Ros y se fue a
Burdeos, un equipo más en
consonancia con su juego.
Lo
cierto es que la realidad
demuestra que a este equipo le
falta una jugadora interior más
sólida que Riley para fijar, de
una vez por todas, su posición
en Europa y dejar de un lado el
pensamiento de algunos equipos
europeos sobre que la Fuente de
San Luis es el campo de la
beneficencia. O, por el
contrario, esperar a que ésta
madure como jugadora y acabe
imponiendo su calidad, tal como
por ejemplo ha hecho Summer Erb
en el Caja Rural. Pero en el
intento se pueden perder muchas
cosas, entre ellas entrar en los
cuartos de final de la Euroliga e
incluso (por qué no decirlo)
algún título nacional, sobre
todo ahora cuando el Uni,
el Filtros Mann o el Caja Rural
pueden dar un susto a cualquiera.
El fichaje de Barbara Farris no
deja de ser un brindis al sol,
todos esperábamos algo mas, pero
bien es cierto que no hay mucho más
en el mercado y que el equipo
técnico valenciano reaccionó
con poca presteza a la hora de
fichar en el verano y ahí están
las consecuencias.
Si
hay algo positivo este equipo en
este momento, es que se mantiene
sólido en la Liga y sus
prestaciones defensivas han
mejorado respecto a otras
temporadas. Poco más. Lideradas
por Ingrid Pons, Marta Fernández
y Amaya Valdemoro, las chicas
de acero necesitan de algo
más para dar el salto definitivo
y dudo que este año pueda ser.
Las tres derrotas en la Euroliga
ante equipos asequibles no
invitan al optimismo.
El
traslado de Godella a Valencia,
la marcha de Alicia López (por
cierto, menuda temporada la suya
en Salamanca) y las dudas en
cuanto a las prestaciones de
algunas jugadoras, siembran de
desconfianza a un equipo que, de
ser nombrado como heredero de
aquel fantástico Dorna Godella,
está pasando a ser el albacea de
aquél en cuanto a los éxitos,
nombre y poco más, porque el
juego y la calidad de ambos son
muy diferentes.
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