| Los
buenos conocedores del baloncesto
femenino conocen el significado y
el alcance que tiene para este
deporte el nombre de Uliana
Semenova. Esta jugadora letona,
de 2,11 metros de estatura y
cerca de 130 kilos de peso, fue
la referencia mundial del
baloncesto femenino durante casi
dos décadas. Nacida en 1952,
Uliana Semenova comenzó a
destacar en los equipos
inferiores de la Unión
Soviética a principios de los
años 60, cuando ya era una
jugadora de casi 1,90 con tan
solo 12 años. En 1968 ganó su
primera Copa de Europa con el
Daugava de Riga, equipo con el
cual ganaría siete Copas más.
Con la selección de la Unión
Soviética ganó todos los
campeonatos mundiales que
disputó e infligió una de las
derrotas más severas que el
equipo de EE.UU. haya recibido:
final de los Juegos Olímpicos de
Montreal 1976 (112-77). Su enorme
físico y la contundencia del
juego soviético de entonces
(Olga Sukharnova acompañaba a
Semenova con su 1,96 de estatura,
algo inusual en aquella época)
hicieron imposible una reacción
del equipo norteamericano que por
entonces contaba con un equipo
mas que aceptable (Anne Meyers,
Lusia Harris, Pat Summit, Nancy
Lieberman
). El éxito
volvió a sonreír al equipo
soviético en los Juegos de
Moscú y en los Mundiales
celebrados de 1983, sin que las
norteamericanas pudieran
presentar la menor resistencia.
El boicot a Los Ángeles 1984
marcó un punto de inflexión. El
juego de las norteamericanas
ganó en rapidez y flexibilidad y
con Pat Summit en el banquillo
salió una nueva generación de
jugadoras lideradas por Teresa
Edwards, Katrina McClain y Cheryl
Miller. Sin embargo, el juego de
las rusas seguía anclado en el
pasado, basado en el físico de
Semenova y Sukharnova, y con
pocos argumentos mas (la
aportación de Savitskaya,
Zassulskaya vendría después).
El
declive físico de la letona hizo
el resto y las estadounidenses
ganaron el Mundial de 1986 con un
antídoto anti Semenova, Ann
Donovan, una joven pívot de 2,03
ágil y rápida en defensa. La
sucesora de Summit, Kay Yow, tuvo
a bien introducir una defensa
asfixiante individual,
aprovechando el talento y el
músculo de su efectivo (Jennifer
Gillom se unió al equipo en 1985
y Medina Dixon lo haría
después) y la derrota rusa no se
hizo esperar. Por entonces, el
Daugava había perdido la
hegemonía continental en favor
de los equipos italianos (el
inolvidable Vicenza de Janice
Lawrence, Peruzzo y Mara Fullin
tuvo buena culpa de ello) y
Semenova optó por una retirada
parcial. En el equipo de la
Unión Soviética que ganó el
Europeo del año siguiente,
Semenova no estaba ya en el
equipo. Las lesiones y la edad
(35 años) motivaron una retirada
a tiempo.
En
1988 se produjo su última
aparición como jugadora
profesional. El Tintoretto
getafeño había ascendido a la
División de Honor y no había
tenido suerte en la elección de
su jugadora norteamericana. Mary
Lynn Stephens vino lesionada y
era más un lastre que una
solución para un equipo
necesitado de una jugadora de
referencia. En el equipo del
Tintoretto militaban jugadoras de
renombre en el baloncesto
nacional de entonces (Tete Ruiz
Paz, Rocío Jiménez, Chelo
Martínez, Esther Tordesillas) y
alguna joven promesa (Emma
Bezos). A principios de 1988,
Semenova llegó a Getafe y
revolucionó el baloncesto
femenino para siempre en España.
Creo
firmemente que ése fue el
impulso que nos hizo acercarnos a
la élite internacional y que
todavía perdura en alguna
medida. El club había dudado
entre Lynnette Woodward (más
interesada en los dólares que le
ofrecía la Lega) y la propia
Semenova, cuya salida de la
Unión Soviética fue algo
excepcional. Fue la primera
jugadora de allá que llego a
España y, por ahora, la de más
categoría junto con Natalia
Zassulskaya. Enseguida el impacto
mediático se hizo notar y los
campos que visitaba el Tintoretto
estaban repletos. El equipo
asimilo perfectamente los
sistemas que consistían en una
defensa en zona 2-1-2 con
Semenova en el centro y una casi
dependencia de la Rusa en ataque.
El equipo se metió en el play
off final al apear al Xuncas
Arjeriz lucense, que contaba con
una de las mejores extranjeras de
la competición por entonces,
Althea Gwyn, y buenas jugadoras
nacionales (Ana Heredero, Ana
Eizaguirre...). Los números y la
intimidación de Semenova eran ya
bastante notables (más de 20
puntos por partido y 10 rebotes
de media) y el equipo llego a la
final de la Liga. Allí, el Sabor
d'Abans, con Anna Junyer, Roser
Llop, Rosa Castillo, Concha
Zapata y otras grandes jugadoras,
tumbaron su resistencia, que sin
embargo rindió a muy buen nivel
los dos primeros partidos.
Después,
Semenova dejó España para
intentar una nueva aventura
europea en Francia, pero tan
sólo duró tres meses, sus
rodillas y su físico ya no daban
más de sí. El Tintoretto ya no
volvió a ser lo que fue y, como
tantos otros equipos de Madrid,
cayó en el olvido al año
siguiente. Semenova volvió a
Riga y cuando Letonia alcanzó la
independencia en 1991, al poco
tiempo, fue nombrada ministra de
Deportes.
Tal
vez ella nunca lea estas
líneas... Sepa que nos hizo
mostrar incluso un poco más de
interés por este deporte porque,
además de ser una gran jugadora,
todos los medios y jugadoras
hablan de una excelente persona.
Gracias, Uliana.
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