OPINIÓN

     

Miércoles
, 16-01-2003
EDWARDS
Forero/a

La zona de la Edwards


Semenova
 
Los buenos conocedores del baloncesto femenino conocen el significado y el alcance que tiene para este deporte el nombre de Uliana Semenova. Esta jugadora letona, de 2,11 metros de estatura y cerca de 130 kilos de peso, fue la referencia mundial del baloncesto femenino durante casi dos décadas. Nacida en 1952, Uliana Semenova comenzó a destacar en los equipos inferiores de la Unión Soviética a principios de los años 60, cuando ya era una jugadora de casi 1,90 con tan solo 12 años. En 1968 ganó su primera Copa de Europa con el Daugava de Riga, equipo con el cual ganaría siete Copas más. Con la selección de la Unión Soviética ganó todos los campeonatos mundiales que disputó e infligió una de las derrotas más severas que el equipo de EE.UU. haya recibido: final de los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 (112-77). Su enorme físico y la contundencia del juego soviético de entonces (Olga Sukharnova acompañaba a Semenova con su 1,96 de estatura, algo inusual en aquella época) hicieron imposible una reacción del equipo norteamericano que por entonces contaba con un equipo mas que aceptable (Anne Meyers, Lusia Harris, Pat Summit, Nancy Lieberman…).

El éxito volvió a sonreír al equipo soviético en los Juegos de Moscú y en los Mundiales celebrados de 1983, sin que las norteamericanas pudieran presentar la menor resistencia. El boicot a Los Ángeles 1984 marcó un punto de inflexión. El juego de las norteamericanas ganó en rapidez y flexibilidad y con Pat Summit en el banquillo salió una nueva generación de jugadoras lideradas por Teresa Edwards, Katrina McClain y Cheryl Miller. Sin embargo, el juego de las rusas seguía anclado en el pasado, basado en el físico de Semenova y Sukharnova, y con pocos argumentos mas (la aportación de Savitskaya, Zassulskaya vendría después).

El declive físico de la letona hizo el resto y las estadounidenses ganaron el Mundial de 1986 con un antídoto anti Semenova, Ann Donovan, una joven pívot de 2,03 ágil y rápida en defensa. La sucesora de Summit, Kay Yow, tuvo a bien introducir una defensa asfixiante individual, aprovechando el talento y el músculo de su efectivo (Jennifer Gillom se unió al equipo en 1985 y Medina Dixon lo haría después) y la derrota rusa no se hizo esperar. Por entonces, el Daugava había perdido la hegemonía continental en favor de los equipos italianos (el inolvidable Vicenza de Janice Lawrence, Peruzzo y Mara Fullin tuvo buena culpa de ello) y Semenova optó por una retirada parcial. En el equipo de la Unión Soviética que ganó el Europeo del año siguiente, Semenova no estaba ya en el equipo. Las lesiones y la edad (35 años) motivaron una retirada a tiempo.

En 1988 se produjo su última aparición como jugadora profesional. El Tintoretto getafeño había ascendido a la División de Honor y no había tenido suerte en la elección de su jugadora norteamericana. Mary Lynn Stephens vino lesionada y era más un lastre que una solución para un equipo necesitado de una jugadora de referencia. En el equipo del Tintoretto militaban jugadoras de renombre en el baloncesto nacional de entonces (Tete Ruiz Paz, Rocío Jiménez, Chelo Martínez, Esther Tordesillas) y alguna joven promesa (Emma Bezos). A principios de 1988, Semenova llegó a Getafe y revolucionó el baloncesto femenino para siempre en España.

Creo firmemente que ése fue el impulso que nos hizo acercarnos a la élite internacional y que todavía perdura en alguna medida. El club había dudado entre Lynnette Woodward (más interesada en los dólares que le ofrecía la Lega) y la propia Semenova, cuya salida de la Unión Soviética fue algo excepcional. Fue la primera jugadora de allá que llego a España y, por ahora, la de más categoría junto con Natalia Zassulskaya. Enseguida el impacto mediático se hizo notar y los campos que visitaba el Tintoretto estaban repletos. El equipo asimilo perfectamente los sistemas que consistían en una defensa en zona 2-1-2 con Semenova en el centro y una casi dependencia de la Rusa en ataque. El equipo se metió en el play off final al apear al Xuncas Arjeriz lucense, que contaba con una de las mejores extranjeras de la competición por entonces, Althea Gwyn, y buenas jugadoras nacionales (Ana Heredero, Ana Eizaguirre...). Los números y la intimidación de Semenova eran ya bastante notables (más de 20 puntos por partido y 10 rebotes de media) y el equipo llego a la final de la Liga. Allí, el Sabor d'Abans, con Anna Junyer, Roser Llop, Rosa Castillo, Concha Zapata y otras grandes jugadoras, tumbaron su resistencia, que sin embargo rindió a muy buen nivel los dos primeros partidos.

Después, Semenova dejó España para intentar una nueva aventura europea en Francia, pero tan sólo duró tres meses, sus rodillas y su físico ya no daban más de sí. El Tintoretto ya no volvió a ser lo que fue y, como tantos otros equipos de Madrid, cayó en el olvido al año siguiente. Semenova volvió a Riga y cuando Letonia alcanzó la independencia en 1991, al poco tiempo, fue nombrada ministra de Deportes.

Tal vez ella nunca lea estas líneas... Sepa que nos hizo mostrar incluso un poco más de interés por este deporte porque, además de ser una gran jugadora, todos los medios y jugadoras hablan de una excelente persona. Gracias, Uliana.

 

masbasket@masbasket.com
© masBasket, 2003