| Estados
Unidos, Rusia, Australia, Corea y
España: son los cinco equipos
que ocupan las cinco primeras
posiciones del Campeonato del
Mundo de China 2002. Sobre España
hay opiniones para todos los
gustos; los más optimistas ven
el quinto puesto como un éxito,
mientras que los más críticos
dicen que sabe a poco. Los dos
puntos de vista tienen su parte
de razón. Es un puesto digno. Un
Mundial es un torneo más fuerte
que un Europeo puesto que te
enfrentas a potencias mundiales
como Estados Unidos, Brasil,
Australia, además de europeos
como Rusia o Francia. Ser el
segundo equipo de nuestro
continente, estando entre los
cincos primeros puestos, es más
que significativo.
También
es verdad que hemos perdido una
oportunidad única para luchar
por, e incluso conseguir, una
medalla. Grandes conjuntos como
Rusia, Brasil, Australia y
Francia no han sido en China los
de competiciones anteriores
debido a la ausencia de jugadoras
importantes y desequilibrantes.
Las
españolas han dado toda una
lección de profesionalidad y de
saber sobreponerse a momentos difíciles
como la clara derrota en cuartos
de final ante Estados Unidos. La
victoria en los dos últimos
partidos contra Francia y China (ésta
última dio el quinto puesto) fue
cosecuencia sobre todo de su
fortaleza mental.
Ha
sido un campeonato largo y duro,
donde a pesar de tener buenos y
malos momentos de juego, lo más
importante ha sido la entrega de
todas y cada una de las
componentes del equipo.
Independientemente del tiempo de
juego, todas han contribuido con
su granito de arena. En todo
caso, me voy a permitir el lujo
de ensalzar a la que ha sido, en
mi opinión, la jugadora más
regular de la Selección en este
Mundial. De ella podría decir lo
que dijo Imbroda de Garbajosa:
"Es el líder silencioso de
la Selección". Ella es
Ingrid Pons.
Pons
ha ejercido ese papel y una vez más
con su pundonor, lucha y
sacrificio ha demostrado que es
una de las mejores pívots, no sólo
de España o Europa, sino también
del mundo. Puede que su juego no
sea tan espectacular o vistoso
como el de otras pero sí es muy
eficaz. La de Mongat ha estado
sobresaliente y me alegro porque
se lo merece. También quiero
mencionar una grata sorpresa al
final del Mundial: la designación
de Amaya para el quinteto ideal.
Te
lo mereces debido al gran trabajo
que has hecho y porque es la
recompensa a todos lo momentos
duros que has pasado. ¡Enhorabuena
amiga!
Unas
líneas para la reflexión. Que
también hayamos conseguido una
medalla en el pasado Europeo o
acabar en la misma posición en
el reciente Mundial no va a
cambiar nada. O mucho me equivoco
o el baloncesto femenino no va a
salir del anonimato más injusto,
consecuencia no de la falta de
trabajo o sacrificio de las
jugadoras sino de causas
externas. Es triste que a pesar
de conseguir los mismos éxitos
que los hombres, el
reconocimiento y por qué no, las
cuentas bancarias de ellos seguirán
siendo completamente distintos.
Como ejemplo, el desembolso de la
Federación no es ni una tercera
parte del que ha hecho con los
hombres. Es lamentable que no se
mida por el mismo rasero y todo
porque somos mujeres.
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