| ¡Qué
noche la de aquel día! Pues sí,
¡qué noche! ¡Jo, qué noche! Y
también, ¡qué suerte poderlo
ver en abierto por TVE-2!
Histórica victoria de Argentina
sobre Estados Unidos por 80 a 87
en la jornada que cerraba la
segunda fase de este clandestino
Mundial que se está disputando
en Indianapolis. A diferencia de
otros que decían no llorar por
Argentina, yo sí lo hice
(metafóricamente hablando)...
pero de emoción, como si fuese
un argentino más. Y lloré aún
más si cabe porque esta afrenta
al baloncesto norteamericano
sirve para consolar a un pueblo
hundido en la miseria. Un pueblo
que busca en su selección una
vía de escape a sus graves
problemas. En la República
Argentina se ha hundido la clase
media, es decir, el amplio sector
que sustenta un país. ¿Se
imaginan pasar, de la noche a la
mañana, de una vida acomodada a
la indigencia? Yo no puedo, pero
eso está pasando. Por una vez,
en la Capital Federal y en las
provincias, las cacerolas no
resuenan para denunciar el choriceo
de la clase dirigente sino, por
una razón más alegre, por la
victoria del combinado nacional
de baloncesto. (Pregunta
para los más viejos del lugar:
¿estas noches que se están
viviendo se pueden comparar a las
de Los Ángeles 1984? Si alguno
de ustedes está sintiendo un déjà
vu, estará justificado el
vídeo que pusimos la semana
pasada en la sección de Videoteca.)
Y
la noche de agitación continuó
en un messenger de una
conocida compañía de servicios
de mensajería por Internet (para
dar pistas, sin decir el nombre
de la marca porque no paga pasta,
diré que la traducción al
castellano es "correo
caliente"). Por cierto,
sepan ustedes que gracias al messenger
nuestro masBasket es lo
que es. ¿Qué pasará en el
Puerto Rico-Angola? Pablo Moreno,
desde Madrid; Óscar Cuesta,
David Rubio (un compañero de la
Redacción de Deportes de Ràdio
Gràcia) y un servidor, desde
Barcelona, y también Carlos
Sánchez, desde Minneapolis, lo
vivimos a tiempo real mediante la
web de la FIBA. No se
rían, pero ésta es la mejor
forma de seguir en vivo los
partidos desde Estados Unidos,
porque Carlos, que está allá,
ni siquera ha podido ver los
partidos del equipo local.
Esperemos que ahora sí sepan lo
que se cuece en la capital de
Indiana.
Al
final ganaron los boricuas en la
segunda prórroga. El asunto no
se acababa nunca y nos moríamos
de sueño. Tras el partido
precedente, enfrentarse a
balcánicos o norteamericanos en
semifinales había dejado de ser
un problema: eran batibles.
Carlos insitía en que se debía
producir una victoria
centroamericana para un
hipotético mejor cruce en
semifinales, y sobre todo para
ver un morboso choque de cuartos
de final entre los campeones
olímpicos y los del mundo. Esa
tarde me sentí muy especulador,
pero en el Puerto Rico-Angola
empezaba a abrir los ojos y a
dejarme de tonterías. En
cualquier caso, bravo por una
Angola que no se jugaba nada,
salvo un mejor emparejamiento en
la fase de clasificación.
Hace
24 horas no esperaba comenzar el
artículo de esta manera, entre
otras cosas porque no esperaba (a
pesar de albergar cierta
esperanza) una victoria
suramericana en la primera fase
(en los cruces, ya sería otro
cantar). Quería hablar sobre el
España-Brasil, sobre si se
debía buscar la victoria o la
derrota. Esta vez, no quería
hablar de baloncesto masculino
(que aunque no está prohibido,
si podemos hablar en esta columna
de femenino, mucho mejor) sino de
un tema más asexuado ya que
quería paranoiar sobre la moral
y la ética. Como ya llevo
bastante texto escrito,
intentaré ser breve en la
exposición de la que había de
ser trama principal, y no
secundaria, de la película. El
cambio de efoque también ha
obligado a un cambio en el
título. Debía ser España-Brasil,
un dilema entre la ética y la
moral y ha acabado por ser ¡Qué
noche la de aquel día!, un
vulgar architexto de un film de
The Beatles.
Para
entender lo que viene a
continuación hemos de ponernos
en el contexto de que Argentina
iba a plantar cara a Estados
Unidos (sin éxito, por supuesto)
y que Puerto Rico debía machacar
a una desmotivada
Angola. Y también, que por
"ética" entendemos
aquello que es justo, y por
"moral", aquello que ha
de servir para conducirnos a la
felicidad. Y la ética debe poner
freno a la moral cuando ambas
entran en conflicto.
Desde
la perspectiva de los jugadores
no hay debate posible. Tenían
que salir a ganar obligados por
la ética profesional. Otra cosa
es que durante el partido Brasil
estuviese siendo tan superior que
los chicos de Javier Imbroda
pensasen en aquello de bueno,
tampoco pasa nada si se pierde.
Aunque otros equipos, como los
yugoslavos (pongo la mano en el
fuego a que se dejaron ganar por
los rusos en Francia 1999, y no
me sorprende que Ramón Trecet
les llamase "delegación
política del genocida
Milosevic"), hubiesen hecho
una pirula, los nuestros
no debían prestarse a ese juego.
¡Qué gran lección de ética,
de honestidad si ustedes lo
prefieren, nos dio la Francia de
Jean Pierre De Vincenzi (también
en el Eurobasket de 1999)!
Desde
otras perspectivas, al no estar
sujetos a la ética profesional
de los baloncestistas, la cosa
cambia porque podemos guiarnos
por la moral. Y allá cada uno
con lo que piense. Buscando
legítimamente la felicidad, como
un aficionado más, porque el
baloncesto masculino y en
concreto este Mundobasket no son
objeto de mi trabajo informativo
como periodista (y este punto es
delicado porque aunque no esté
ejerciendo, en el fondo no dejo
ser periodista y por tanto tengo
que seguir la ética de mi ramo
profesional), estaba deseando una
derrota de mi Selección (es duro
decirlo). Tenía dudas, pero me
decanté por la búsqueda del
tercer puesto. Lo que sí tengo
claro es que en casos como éste,
si como informador tuviese
capacidad de influencia en el
resultado, debería dejar de lado
mi moral, porque esta afectaría
a mi ética. (Quienes se hayan
perdido ya, no le den más
vueltas pues no tiene sentido.)
Al
final, victoria de España sobre
Brasil... y lo de después ya fue
la concatenación de Marte
con Saturno. Y es que la
vida es como una caja de bombones
porque nunca sabes el que te va a
tocar (y a los chicos de USA
Basketball les sentaron mal los
dulces, quizás debieron ir a
alguna recepción del embajador
de Ferrero Rocher -esta marca
tampoco paga, pero si no lo digo
sería algo complicado pillar la
gracia... si es que la tiene-).
Algunos queríamos perder para
evitar al lobo en las semis. De
haber perdido, habríamos tenido
al lobo norteamericano en cuartos
de final. Personalmente, espero
haber aprendido la lección:
siempre hay que salir a ganar, y
siempre hay que desear ganar.
P.D.:
¿De qué nos sirve tanta paja
mental si no se consigue pasar a
semifinales? Estamos en el
mundo [Mundial] al revés
del poeta Goytisolo que tan bien
canta Paco Ibáñez. Ahora sólo
espero que no se repita lo de
Seúl 1988... y que Argentina no
se conforme con la plata. ¡Vamos
Argentina, vamos, vamos a ganar!
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