OPINIÓN

     

Viernes, 06-09-2002
IVÁN SERRES
Subdirector de masBasket

Saskat


¡Qué noche la de aquel día!
 
¡Qué noche la de aquel día! Pues sí, ¡qué noche! ¡Jo, qué noche! Y también, ¡qué suerte poderlo ver en abierto por TVE-2! Histórica victoria de Argentina sobre Estados Unidos por 80 a 87 en la jornada que cerraba la segunda fase de este clandestino Mundial que se está disputando en Indianapolis. A diferencia de otros que decían no llorar por Argentina, yo sí lo hice (metafóricamente hablando)... pero de emoción, como si fuese un argentino más. Y lloré aún más si cabe porque esta afrenta al baloncesto norteamericano sirve para consolar a un pueblo hundido en la miseria. Un pueblo que busca en su selección una vía de escape a sus graves problemas. En la República Argentina se ha hundido la clase media, es decir, el amplio sector que sustenta un país. ¿Se imaginan pasar, de la noche a la mañana, de una vida acomodada a la indigencia? Yo no puedo, pero eso está pasando. Por una vez, en la Capital Federal y en las provincias, las cacerolas no resuenan para denunciar el choriceo de la clase dirigente sino, por una razón más alegre, por la victoria del combinado nacional de baloncesto.

(Pregunta para los más viejos del lugar: ¿estas noches que se están viviendo se pueden comparar a las de Los Ángeles 1984? Si alguno de ustedes está sintiendo un déjà vu, estará justificado el vídeo que pusimos la semana pasada en la sección de Videoteca.)

Y la noche de agitación continuó en un messenger de una conocida compañía de servicios de mensajería por Internet (para dar pistas, sin decir el nombre de la marca porque no paga pasta, diré que la traducción al castellano es "correo caliente"). Por cierto, sepan ustedes que gracias al messenger nuestro masBasket es lo que es. ¿Qué pasará en el Puerto Rico-Angola? Pablo Moreno, desde Madrid; Óscar Cuesta, David Rubio (un compañero de la Redacción de Deportes de Ràdio Gràcia) y un servidor, desde Barcelona, y también Carlos Sánchez, desde Minneapolis, lo vivimos a tiempo real mediante la web de la FIBA. No se rían, pero ésta es la mejor forma de seguir en vivo los partidos desde Estados Unidos, porque Carlos, que está allá, ni siquera ha podido ver los partidos del equipo local. Esperemos que ahora sí sepan lo que se cuece en la capital de Indiana.

Al final ganaron los boricuas en la segunda prórroga. El asunto no se acababa nunca y nos moríamos de sueño. Tras el partido precedente, enfrentarse a balcánicos o norteamericanos en semifinales había dejado de ser un problema: eran batibles. Carlos insitía en que se debía producir una victoria centroamericana para un hipotético mejor cruce en semifinales, y sobre todo para ver un morboso choque de cuartos de final entre los campeones olímpicos y los del mundo. Esa tarde me sentí muy especulador, pero en el Puerto Rico-Angola empezaba a abrir los ojos y a dejarme de tonterías. En cualquier caso, bravo por una Angola que no se jugaba nada, salvo un mejor emparejamiento en la fase de clasificación.

Hace 24 horas no esperaba comenzar el artículo de esta manera, entre otras cosas porque no esperaba (a pesar de albergar cierta esperanza) una victoria suramericana en la primera fase (en los cruces, ya sería otro cantar). Quería hablar sobre el España-Brasil, sobre si se debía buscar la victoria o la derrota. Esta vez, no quería hablar de baloncesto masculino (que aunque no está prohibido, si podemos hablar en esta columna de femenino, mucho mejor) sino de un tema más asexuado ya que quería paranoiar sobre la moral y la ética. Como ya llevo bastante texto escrito, intentaré ser breve en la exposición de la que había de ser trama principal, y no secundaria, de la película. El cambio de efoque también ha obligado a un cambio en el título. Debía ser España-Brasil, un dilema entre la ética y la moral y ha acabado por ser ¡Qué noche la de aquel día!, un vulgar architexto de un film de The Beatles.

Para entender lo que viene a continuación hemos de ponernos en el contexto de que Argentina iba a plantar cara a Estados Unidos (sin éxito, por supuesto) y que Puerto Rico debía machacar a una desmotivada Angola. Y también, que por "ética" entendemos aquello que es justo, y por "moral", aquello que ha de servir para conducirnos a la felicidad. Y la ética debe poner freno a la moral cuando ambas entran en conflicto.

Desde la perspectiva de los jugadores no hay debate posible. Tenían que salir a ganar obligados por la ética profesional. Otra cosa es que durante el partido Brasil estuviese siendo tan superior que los chicos de Javier Imbroda pensasen en aquello de bueno, tampoco pasa nada si se pierde. Aunque otros equipos, como los yugoslavos (pongo la mano en el fuego a que se dejaron ganar por los rusos en Francia 1999, y no me sorprende que Ramón Trecet les llamase "delegación política del genocida Milosevic"), hubiesen hecho una pirula, los nuestros no debían prestarse a ese juego. ¡Qué gran lección de ética, de honestidad si ustedes lo prefieren, nos dio la Francia de Jean Pierre De Vincenzi (también en el Eurobasket de 1999)!

Desde otras perspectivas, al no estar sujetos a la ética profesional de los baloncestistas, la cosa cambia porque podemos guiarnos por la moral. Y allá cada uno con lo que piense. Buscando legítimamente la felicidad, como un aficionado más, porque el baloncesto masculino y en concreto este Mundobasket no son objeto de mi trabajo informativo como periodista (y este punto es delicado porque aunque no esté ejerciendo, en el fondo no dejo ser periodista y por tanto tengo que seguir la ética de mi ramo profesional), estaba deseando una derrota de mi Selección (es duro decirlo). Tenía dudas, pero me decanté por la búsqueda del tercer puesto. Lo que sí tengo claro es que en casos como éste, si como informador tuviese capacidad de influencia en el resultado, debería dejar de lado mi moral, porque esta afectaría a mi ética. (Quienes se hayan perdido ya, no le den más vueltas pues no tiene sentido.)

Al final, victoria de España sobre Brasil... y lo de después ya fue la concatenación de Marte con Saturno. Y es que la vida es como una caja de bombones porque nunca sabes el que te va a tocar (y a los chicos de USA Basketball les sentaron mal los dulces, quizás debieron ir a alguna recepción del embajador de Ferrero Rocher -esta marca tampoco paga, pero si no lo digo sería algo complicado pillar la gracia... si es que la tiene-). Algunos queríamos perder para evitar al lobo en las semis. De haber perdido, habríamos tenido al lobo norteamericano en cuartos de final. Personalmente, espero haber aprendido la lección: siempre hay que salir a ganar, y siempre hay que desear ganar.

P.D.: ¿De qué nos sirve tanta paja mental si no se consigue pasar a semifinales? Estamos en el mundo [Mundial] al revés del poeta Goytisolo que tan bien canta Paco Ibáñez. Ahora sólo espero que no se repita lo de Seúl 1988... y que Argentina no se conforme con la plata. ¡Vamos Argentina, vamos, vamos a ganar!

 

masbasket@masbasket.com
© masBasket, 2002