| Era la
temporada 1968-1969. El Barcelona
de baloncesto había fichado a su
primer extranjero. Se llamaba
Albie Grant y desde el primer
momento hicimos una buena
amistad. Aunque han pasado muchos
años (yo diría que demasiados)
recuerdo perfectamente que aquel
gigante, con barba y perilla,
tenía mucho interés por conocer
todo lo que pasaba en España.
Con frecuencia hacíamos unos
viajes en su flamante coche
deportivo desde las Ramblas
(había que verlo comiendo
espaguetis, plato que a mí no me
gusta) hasta el aeropuerto de El
Prat. Hablaba mucho y,
particularmente, de un tema que
tanto a él como a mí nos
apasionaba: la política. Me
preguntaba mucho por el entonces
dictador Franco y en ningún
momento llegué a pensar cuáles
eran los motivos que tenía para
hacerlo.
Su
etapa en el Barcelona fue corta.
Un día, el entonces responsable
de las secciones del club
barcelonista, el señor Sadurní,
me dejó helado al
explicarme que se había enterado
de que Albie Grant, aunque era un
buen jugador de baloncesto,
fichó por el Barcelona con una
misión concreta: era un enviado
de la CIA para
"investigarnos"...
sobre todo, en el tema político.
Mi
sorpresa fue grande porque pocas,
muy pocas personas, lo sabían. Y
es que, en todo momento, Albie
Grant fue un buen espía.
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