Ayer no
hubo entrenamiento...
Y no te pude dar las gracias.
Por entrenar y
jugar lesionada, por el sprint estando agotada.
Por sonreír estando dolida.
Por demostrar que el 110% existe, y se puede
dar.
Por hacer lo que se te pedía, aunque en ese
momento no lo entendieras.
Gracias por ese último cuarto de hora de más de
tiro, con la cena ya fría.
Por escribir en
la pizarra, o pegar en la pared aquello que
ayudó al equipo más que todos mis garabatos y
sistemitas.
Por reírte de mi chándal último modelo, de mi
caída tonta, de ni enésimo despiste, por ponerle
triple sentido a lo que ya tenía doble.
Por aportar esa
alegría ilimitada, tan tuya.
Por ese rato de
charla después de entrenar, cansados, aportando
con sinceridad opiniones y críticas
constructivas. O por aquella en el autobús
camino de....o era de vuelta de...
Gracias por
ayudarme a mejorar como entrenador: por
enseñarme tantas cosas, por reclamar calidad en
cada entreno, por exigirme ser más positivo.
Por preguntar lo que no comprendías, y
explicarme lo que yo no veía.
Por opinar tanto, y aportar tanto.
Por el CD que
grabaste para el calentamiento, por un vendaje,
por las cañitas donde siempre (patatas y
cacahuetes), por las fotos de aquel viaje, por
descubrir 327 utilidades para el tape,
por aceptar un día jugar con globos, contar
cuentos e inventar ejercicios imposibles.
Y el
domingo no hay partido...
Y no podré agradecerte
No podré
agradecerte que apoyes y animes a tu compañera,
a ésa a la que no han salido bien las cosas, o a
la que yo he abroncado.
Por aceptar ese
papel en el juego poco vistoso, oscuro,
infinitamente valioso, que tanto nos ha hecho
mejorar como equipo. Por entender que no es
cuestión de 5 ó 20 minutos, sino de aportar
algún granito más de arena.
El hacer al revés el sistema pintado, y que de
esa forma fuera canasta.
No podré
agradecerte el compartir conmigo esas dos
lágrimas: la que era tuya, de rabia por algunos
errores o por un resultado; y la que era mía y
me estaba tragando... hasta que quisiste
compartirla.
El entreno del
lunes, después de perder el domingo, en el que
encontraste ganas, animación, intensidad...
cuando parecía más que imposible.
No podré hacer
un poco mío tu esfuerzo, a tu familia, tus
estudios, tus amigos, algo de tu vida.
No hemos
ganado un campeonato...
Y, sin embargo, tengo tantos motivos para
felicitarte
Por, siendo la
veterana, parecer la junior más ilusionada; o,
por apenas siendo universitaria, demostrar la
dureza y madurez de mil batallas.
Por no rendirte
nunca, por tu paciencia.
Felicitarte por
cabezota, y ser capaz de repetir mil veces ese
movimiento que ahora dominas.
Por competitiva, y hacer trampas hasta en los
ejercicios de tiro con tal de ganar.
Por exigente, contigo primero, y con todos los
demás después.
Por ambiciosa, y querer jugar más, aportar más,
saber más... sumar mucho más y además
conseguirlo.
Debería darte
las gracias por ser camaleónica: tener esa
capacidad de hablar un huevo, o callar y
escuchar infinito, o ser sorda, o ser
peligrosa, o borde, o mimosín,
puntual o tardona, dormilona e inquieta,
impulsiva y reflexiva, puñetitas,
criticona, princesa, morritos, pitufo
gruñón o la alegría de la huerta, por
inhumana o por mostrarte como la más humana
y cercana, por ser una niña grande y una gran
mujer.
Debo admirarte
por hacer algo habitual del esfuerzo, del
trabajo en común, de la capacidad de superación,
algo habitual de la risa, por pensar mucho más
en el "equipo" que en el "yo".
Quiero con
locura al baloncesto, y me has enseñado que tú
eres el baloncesto.
Tengo que darte
las gracias por confiar un poco en mí, y mucho
en tus compañeras.
Ayer no
hubo entreno, el domingo no hay partido, no
hemos ganado ningún campeonato y yo ya no
mando mucho... pero, mi jugadora... ¿puedo
todavía decirte: "Mil gracias"?
|