| En las últimas
temporadas, la Liga ACB ha
conseguido aumentar
considerablemente el número de
aficionados que acuden a sus
partidos. Pero en el caso del
baloncesto femenino, las cifras
de asistencia siguen estando muy
lejos de lo que sería deseable.
¿Qué se puede hacer para
revertir esta situación? La respuesta a
esta pregunta es la madre del
cordero, ya que la
complejidad del tema hace difícil
dar una solución convincente y
con posibilidades fundadas de éxito.
Nadie debe conformarse con los
registros de público cosechados
en el Palacio de Vistalegre en
2001 y recientemente en el Palau
Sant Jordi, porque ambos son éxitos
relativos.
Hay que ser
realistas y comprender que a esos
dos partidos de baloncesto
femenino acudió mucho más
publico del habitual porque después
jugaba el combinado masculino.
Algunos espectadores, los menos,
aprovecharon al cien por cien la
entrada y asistieron al duelo de
féminas desde el principio.
Pero, en ambos casos, las gradas
se fueron llenando hacia al final
del encuentro, cuando ya
calentaba motores el partido
estelar. Por lo tanto, no se
deben lanzar las campanas al
vuelo.
Lo más indicado
es buscar fórmulas que, además
de mantener la fidelidad del
escaso público actual, consigan
que los espectadores potenciales,
esos amantes del baloncesto que sólo
siguen las competiciones
masculinas, se acerquen a las
canchas de la LFB.
Para lograrlo, no
sirven medidas machistas como las
planteadas por el voleibol, cuya
Federación Internacional
recomendó a los equipos
femeninos que vistieran equipajes
ajustados para atraer al público
masculino. Las soluciones deben
ser eficaces y fruto de la
reflexión, no surgidas de un
calentón mental.
Quizás lo mejor
sea observar lo que se hace en el
baloncesto de otros países. Lógicamente,
habrá que seleccionar en función
de semejanzas culturales y
posibilidades económicas. En
España, por medios y tradición
cultural, es imposible dar al
baloncesto un aura de grandeza
similar a la que tiene en Estados
Unidos. Por esa razón, la solución
no debe buscarse allí, sino en
nuestro entorno más cercano, en
Europa. Hay que observar qué se
hace en Francia, en Italia y en
otras Ligas que, sin ser la
panacea, logran que los
espectadores se interesen por su
baloncesto femenino más que aquí.
Hay que
seleccionar reflexionando sobre
la validez de exportar fórmulas
para luego añadir por nuestra
cuenta el ingenio y las ideas que
permitan mejorar los hasta ahora
infructuosos intentos por
aumentar la asistencia a las
canchas. Además, los clubes
deben pensar en la mejor manera
de venderse a los medios de
comunicación, indispensables
porque constituyen el canal de
acceso al público potencial.
En Estados Unidos
es común que los equipos salgan
a las calles de sus ciudades para
hacer una labor social, darse a
conocer y decir: "Estamos
aquí, vengan a vernos". Ese
tipo de acciones no constituyen
un dispendio económico
desorbitado y pueden tener una
resonancia informativa muy
positiva, siempre y cuando se
trate de acciones relevantes. Hay
que ser conscientes de que los
medios de comunicación sólo
publican aquello que consideran
trascendente, novedoso y fácil
de cubrir. Si se cumplen estos
tres requisitos, las
posibilidades de triunfar serán
mayores.
En otro orden de
cosas, sería positivo llegar a
acuerdos con colegios del entorno
geográfico de cada equipo para
que sus alumnos pudieran asistir
gratuitamente a los partidos. En
muchos casos, esos niños y niñas
vendrían acompañados por sus
padres. Además, los equipos podrían
asistir a alguno de los
institutos de su región para
hacer una clase práctica de
baloncesto. En definitiva, hay
que poner en bandeja la
posibilidad de que los jóvenes
se sientan atraídos por el
baloncesto femenino. Como se
suele decir, si Mahoma no va a la
montaña, la montaña deberá ir
a Mahoma.
Por su parte, la
FEB, además de organizar clínics
y cursos sobre aspectos
deportivos y técnicos, podría
ensanchar su actividad planteando
conferencias y foros donde los
clubes intercambiaran ideas y
pudieran aprender que se hace en
otros países. Si vienen
entrenadores a aleccionar con sus
métodos de trabajo, ¿por qué
no se invita a expertos en marketing
deportivo que abran nuevos
horizontes?
Es cierto que los
recursos económicos son escasos,
pero no hay que rendirse ante
eso. Las buenas ideas y el
ingenio suelen obtener mejores
resultados que los proyectos
apoyados exclusivamente en
grandes presupuestos.
Alguno seguirá
pensando que aumentar la
asistencia a los pabellones de la
LFB es imposible, pero si no se
intenta arreglarlo, todavía lo
será más. Los jóvenes de Mayo
del 68 decían: "Seamos
realistas, pidamos lo
imposible". Las esperanzas
de aquella izquierda fracasaron
porque muchos perdieron los
ideales por los que habían
salido a la calle y se enrolaron
en el sistema al cual se habían
enfrentado. El baloncesto
femenino no puede acabar igual.
Hay que luchar para que esto
cambie de una vez por todas.
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