OPINIÓN

     

Jueves, 18-07-2002
JORDI DOMÍNGUEZ
Redactor de masBasket

Tres Segundos


El sueño de los pabellones llenos
 
En las últimas temporadas, la Liga ACB ha conseguido aumentar considerablemente el número de aficionados que acuden a sus partidos. Pero en el caso del baloncesto femenino, las cifras de asistencia siguen estando muy lejos de lo que sería deseable. ¿Qué se puede hacer para revertir esta situación?

La respuesta a esta pregunta es la madre del cordero, ya que la complejidad del tema hace difícil dar una solución convincente y con posibilidades fundadas de éxito. Nadie debe conformarse con los registros de público cosechados en el Palacio de Vistalegre en 2001 y recientemente en el Palau Sant Jordi, porque ambos son éxitos relativos.

Hay que ser realistas y comprender que a esos dos partidos de baloncesto femenino acudió mucho más publico del habitual porque después jugaba el combinado masculino. Algunos espectadores, los menos, aprovecharon al cien por cien la entrada y asistieron al duelo de féminas desde el principio. Pero, en ambos casos, las gradas se fueron llenando hacia al final del encuentro, cuando ya calentaba motores el partido estelar. Por lo tanto, no se deben lanzar las campanas al vuelo.

Lo más indicado es buscar fórmulas que, además de mantener la fidelidad del escaso público actual, consigan que los espectadores potenciales, esos amantes del baloncesto que sólo siguen las competiciones masculinas, se acerquen a las canchas de la LFB.

Para lograrlo, no sirven medidas machistas como las planteadas por el voleibol, cuya Federación Internacional recomendó a los equipos femeninos que vistieran equipajes ajustados para atraer al público masculino. Las soluciones deben ser eficaces y fruto de la reflexión, no surgidas de un calentón mental.

Quizás lo mejor sea observar lo que se hace en el baloncesto de otros países. Lógicamente, habrá que seleccionar en función de semejanzas culturales y posibilidades económicas. En España, por medios y tradición cultural, es imposible dar al baloncesto un aura de grandeza similar a la que tiene en Estados Unidos. Por esa razón, la solución no debe buscarse allí, sino en nuestro entorno más cercano, en Europa. Hay que observar qué se hace en Francia, en Italia y en otras Ligas que, sin ser la panacea, logran que los espectadores se interesen por su baloncesto femenino más que aquí.

Hay que seleccionar reflexionando sobre la validez de exportar fórmulas para luego añadir por nuestra cuenta el ingenio y las ideas que permitan mejorar los hasta ahora infructuosos intentos por aumentar la asistencia a las canchas. Además, los clubes deben pensar en la mejor manera de venderse a los medios de comunicación, indispensables porque constituyen el canal de acceso al público potencial.

En Estados Unidos es común que los equipos salgan a las calles de sus ciudades para hacer una labor social, darse a conocer y decir: "Estamos aquí, vengan a vernos". Ese tipo de acciones no constituyen un dispendio económico desorbitado y pueden tener una resonancia informativa muy positiva, siempre y cuando se trate de acciones relevantes. Hay que ser conscientes de que los medios de comunicación sólo publican aquello que consideran trascendente, novedoso y fácil de cubrir. Si se cumplen estos tres requisitos, las posibilidades de triunfar serán mayores.

En otro orden de cosas, sería positivo llegar a acuerdos con colegios del entorno geográfico de cada equipo para que sus alumnos pudieran asistir gratuitamente a los partidos. En muchos casos, esos niños y niñas vendrían acompañados por sus padres. Además, los equipos podrían asistir a alguno de los institutos de su región para hacer una clase práctica de baloncesto. En definitiva, hay que poner en bandeja la posibilidad de que los jóvenes se sientan atraídos por el baloncesto femenino. Como se suele decir, si Mahoma no va a la montaña, la montaña deberá ir a Mahoma.

Por su parte, la FEB, además de organizar clínics y cursos sobre aspectos deportivos y técnicos, podría ensanchar su actividad planteando conferencias y foros donde los clubes intercambiaran ideas y pudieran aprender que se hace en otros países. Si vienen entrenadores a aleccionar con sus métodos de trabajo, ¿por qué no se invita a expertos en marketing deportivo que abran nuevos horizontes?

Es cierto que los recursos económicos son escasos, pero no hay que rendirse ante eso. Las buenas ideas y el ingenio suelen obtener mejores resultados que los proyectos apoyados exclusivamente en grandes presupuestos.

Alguno seguirá pensando que aumentar la asistencia a los pabellones de la LFB es imposible, pero si no se intenta arreglarlo, todavía lo será más. Los jóvenes de Mayo del 68 decían: "Seamos realistas, pidamos lo imposible". Las esperanzas de aquella izquierda fracasaron porque muchos perdieron los ideales por los que habían salido a la calle y se enrolaron en el sistema al cual se habían enfrentado. El baloncesto femenino no puede acabar igual. Hay que luchar para que esto cambie de una vez por todas.

 

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