| Me decía una
persona el pasado martes por la
noche que si el Mendíbil es un
equipo de LFB es gracias a
Begoña Callejo. Cinco años de
su vida dedicados en cuerpo y
alma al club bidasoarra que
fructificaron en el soñado
ascenso en junio tras una
temporada perfecta, en el que no
se perdió ni uno solo de los
más de 25 partidos disputados.
Pero... ¡pum!, de un plumazo se
cargan a la mujer que ha devuelto
al baloncesto femenino vasco a la
élite. El club
hondarribitarra se ha dirigido a
los medios con un escueta
(escuetísima, diría yo) nota de
prensa de dos líneas comunicando
el sorprendente cese de Callejo
debido a los malos resultados.
Pero vamos a ser serios, por
favor. ¿Qué culpa tiene Begoña
Callejo de que Françoise
Meyendo, un fichaje sensacional,
se lesionara a principios de
pretemporada? ¿Qué tiene que
ver la entrenadora vasca en la
marcha de Tracy Reid, una
jugadora destinada a marcar
diferencias? En resumidas
cuentas, ¿qué gramo de
responsabilidad hay en estar
obligado a cambiar tu pareja
foránea cuando en el mercado ya
está todo vendido?
Eso
quiere decir que no has podido
entrenar con la plantilla
completa y, por lo tanto, no has
podido formar un equipo por
causas que se escapan a la
planificación de cualquier
técnico del mundo. Lo que está
claro es que la Directiva ha
quedado retratadísima. En una
Liga que pretende evolucionar,
aparecen de repente unos
directivos que juegan a ser Ruiz
de Lopera. Por si alguien no lo
recuerda, esto no es fútbol.
Está
claro que a Begoña Callejo no se
le ha olvidado entrenar. Hace
cuatro meses, en la fase de
ascenso a la LFB, era la mejor
entrenadora del mundo y ahora...
La memoria es frágil, sobre todo
para quien no tiene ni idea de
baloncesto.
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