| No voy a negar que
soy un súbdito del código
binario y que me paso muchas
noches conectado a un chat
de baloncesto (el de Terra, por
si se quieren pasar). Allí tengo
la oportunidad de observar y
charlar con gente a la que le
encanta el baloncesto. Es
difícil poder entablar una
conversación larga sobre
baloncesto femenino, lo cual me
parece hasta cierto punto
lógico: por el desconocimiento.
Pero lo que ya no acierto a
comprender es que hasta las
propias chicas proclamen a los
siete vientos que les encantaría
jugar como Gasol (ahora que está
de moda) o como Jordan. Me parece
estupendo, sí, pero
prácticamente ninguna chica (y
aquí viene el lamento verdadero)
quiere ser Anula o quiere ser
Valdemoro, por poner unos
ejemplos. Y ya no digo de los
chicos.
Es
una situación triste hasta
cierto punto. Nadie idolatra a
alguien que no conoce y en este
sentido volvemos a la misma
cantinela de siempre:
televisión, televisión y
televisión. En los años 70, los
niños no jugaban al baloncesto
pensando en emular a Pistol
Maravic porque la NBA aún no
había llegado a nuestros
hogares. Pero cuando Trecet y su Cerca
de las Estrellas nos
invitaron a descubrir las
genialidades de Magic Johnson o
de Larry Bird, todos quisimos
parecernos a ellos. La televisón
trajo la ilusión.
Y
está muy claro que con los cinco
minutos de Zona Basket,
que es lo único que tenemos de
baloncesto femenino (cuando
hablan de él), no vamos a
ninguna parte. No obstante, mi
esperanza se centra en un gran
papel de la selección femenina
en Francia y en la capacidad de
negociación de los clubes para
conseguir más partidos en
directo.
Necesitamos
un boom.
P.D.:
Esta columna va dedicada a mi
gran amiga Mati Vez, de Málaga.
Espero que tardes poco en
mostrarnos la mejor de tu
sonrisas. ¡Ánimo!
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