| Hemos
vivido cuatro partidos en una
semana muy intensa, y aún no
conocemos el campeón de la LFB.
En los dos primeros encuentros
tanto el Ros Casares como el
Universitat mostraron un juego
poco constante, basado en el
descontrol de las emociones y
traducido en contínuos
parciales, a favor de uno y otro
equipo. Cuando la serie se
trasladó a Barcelona, el equipo
que dominó su estado mental se
hizo fácilmente con la victoria,
aunque bien es cierto que mucha
culpa de ello continuó siendo la
falta de mentalización. En el
tercer encuentro, el Uni
se dejó birlar el factor campo
porque aún estaba contando a su
familia la remontada en el
segundo; si a eso le añadimos
que Ramón Márquez y sus
jugadoras consideraban vital
ganar ese partido tendremos la regla
de tres que nos explica por
qué ganó el Godella.
En
el cuarto, la tónica se
invirtió y el Universitat de
Barcelona se dedicó a coser a
triples y a defender para alargar
la final hasta el quinto partido.
Mientras tanto, las levantinas se
explicaban entre ellas los
lugares de vacaciones elegidos.
Pero
el quinto partido ya está aquí
(gran forma de estrenar este
nuevo sistema) y las cosas
parecen tener un sólo destino:
un final igualado donde decidirá
el instinto asesino y la sed de
victoria. Sin embargo, me temo
que alguna muñeca se resienta
ante tanta responsabilidad.
Tanto
el Ros Casares Godella como el
Universitat de Barcelona han
demostrado durante todo este año
ser los mejores. Asimismo,
también nos han convencido de
que los dos conjuntos están
increíblemente igualados en
cuanto a fuerzas. Pero se
acabaron las contemplaciones.
Sólo aquel equipo que busque su
propio límite mental y su fuerza
psicológica, más allá de
acciones de juego, ganará. Las
jugadoras se deben plantear el
partido del sábado como el
último de sus vidas, defendiendo
a muerte, dejándose la piel en
cada acción y jugando el mejor
baloncesto que jamás hayan
mostrado sobre un parquet.
Únicamente
la ambición dará el vencedor
seguro. Lo demás son arenas
movedizas.
"A
los tímidos e indecisos todo les
resulta imposible, porque así se
lo parece." (Walter
Scott)
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