| Siete
años de penitencia ha tenido que
pasar el baloncesto femenino
vasco para volver a tener un
equipo en la élite. Desde la
desaparición del Lasarte Oria,
en plena competición de la
temporada 1994-1995, ningún
conjunto de Euskadi no había
gozado de la posibilidad de
volver a jugar con las mejores. Nadie
recogió entonces el testigo de
un equipo con terribles problemas
económicos (el gran mal del
baloncesto femenino) ni el del
Juven, otro que tal baila con el
dinero. Una zona española con
una buena cantera se quedó sin
un espejo donde mirarse. De ahí
tuvo que saltar Rakel Delgado en
busca de un futuro que ninguno de
los equipos locales le podía
ofrecer.
Pero
la larga travesía por el
desierto tenía que acabar algún
siglo de éstos y afortunadamente
el P.C. Mendíbil lo ha
conseguido. Y sin perder un sólo
encuentro este año. Parece que
con esta rotundidad haya querido
desquitarse de tantos años de
penurias deportivas.
Ahora
el Norte ya puede gritar que
existe, aunque el Sur también
tendría que hacérselo mirar.
Porque su cantera también emigra
al ver que ni Sevilla ni Málaga
(por poner unos ejemplos) no
cuentan ni siquiera para la lucha
por el ascenso.
¿Verdad
Espe?
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