OPINIÓN

     

Viernes, 12-04-2002
ÓSCAR CUESTA
Director de masBasket

A Mi Aire


Subsistencia, persistencia y feudalismo
 
En cierta ocasión, Luis Buñuel formulaba desde su temporal refugio en París una pregunta a su amigo Pepín Bello tan sutil como siempre lo ha sido este genial director de cine: "¿Con qué subsistes y con qué persistes?". Esa diferencia entre subsistencia y persistencia es tan fácil de extrapolar al baloncesto femenino que me pregunto cómo no me habían dado ganas de hablar de eso.

Veamos, la persistencia del baloncesto femenino consiste en tener 50 millones (de pesetas) y gastárselos todo en jugadoras o en lo que sea, pero gastárselos al fin y al cabo en rendimientos inmediatos. No se mira el poder establecer un proyecto a dos, tres o más años vista y no hablo de proyectos deportivos. Hablo de estructuras, de inversiones. Es preferible tener cinco millones, gastándose cuatro en Fulanita de Tal y uno en publicidad, que no gastarse cinco en Menganita de Zutano y que nadie sepa que está jugando en ese equipo.

La mayor parte de nuestro baloncesto se basa en proyectos de resultados tan inmediatos que da la sensación de que el dinero se esfuma en banalidades. En este mundo cuya duración es anual (el 95% de los contratos tienen esta periodicidad) frecuentemente se obvia el invertir dinero en una serie de acciones que a medio plazo te puede dar no la subsistencia, sino la persistencia. La diferencia es tan sutil como preocupante.

Se necesita equilibrar presupuestos para comer ahora y para plantar un huerto. ¿De qué me sirve a mí gastarme 10 euros en caviar si mañana no tengo para comprar gominolas?

En este terreno entran los presidentes-patriarcas. Aquí la cosa se vuelve grave. Bienvenidos sean hasta cierto punto, porque existe un enorme riesgo al tener este tipo de dirigentes. Pongamos que el patriarca decide irse con la música a otra parte: ¿Qué pasa con este equipo?, pues lo que pasó con Guimaraens; que en Valencia pudieron encontrar a otro patriarca (de menor entidad, pero también de buen corazón) y que en Getafe desapareció aquel magnífico pool de estrellas.

Ocurre que esta megalocefalia en los clubes se confunde, equivocadamente, con prácticas del feudalismo medieval. Desde torreones rociando aceite hirviendo, el ordeno y mando porque tengo el dinero aún existe. Y así no funcionan las cosas.

Es lo bueno de la democracia, que comporta el sentido común.

 

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