OPINIÓN

     

Jueves, 24-10-2002
ÓSCAR CUESTA
Director de masBasket

A Mi Aire


El poder de la humildad
 
Las ansias de triunfo y los proyectos abrumadores frecuentemente deslumbran y nos suelen seducir más de lo debido. El poder económico permite alcanzar la gloria entendida como campeonatos y estos equipos son los que se llevan los aplausos más fáciles. Es fácil ser aficionado de un club ganador porque gusta ganar.

Por suerte, aún existen clubes que emanan un envidiable y entrañable romanticismo. Clubes que se mantienen con cuatro duros, siempre en la cuerda floja, siempre resoplando en cada jornada y cuya sencillez le permite sobrevivir año tras año.

De todos estos, es admirable la situación del Extrugasa Cocinas Carballo, que se ha convertido en una especie de poblado galo, resistiendo los envites de los romanos, utilizando la inteligencia para sobrevivir y persistir en terreno enemigo. El club arosano conoce sus recortados límites y en esta conciencia de su humildad logra su salvación.

Para mí, el equipo gallego ha sido el más listo de todos y el que ha hecho los mejores fichajes teniendo en cuenta la siempre complicada relación precio-calidad-presupuesto. Primero, renovó con mucha antelación a Jordi Fernández, un ENTRENADOR con mayúsculas que se conoce todas las circunstancias posibles en el baloncesto. Fernández es ideal para el Extrugasa porque representa los mismos valores que el club pontevedrés. No obstante, por ese conocimiento de este deporte me da pena que ningún grande haya confiado en él.

Una vez renovado al hombre que instaló al equipo en una zona cómoda el pasado año, le cedió casi todo el mando operativo para confeccionar una plantilla a su gusto, como deben hacerse las cosas. Y aquí la inteligencia ha sido mucho mayor si cabe. Conociendo la poca disponibilidad de caja, el Extrugasa se movió antes que nadie para realizar los retoques necesarios y evitar revalorizaciones.

Anduvo muy rápido con Gisela Vega, invitándola a sus entrenos y comprobando in situ que es la pívot joven más determinante de nuestro baloncesto. Naturalmente, se la quedó. Si hubieran esperado a ficharla al Mundial, Vega habría recibido ofertas más sustanciosas. Después el club se supo mover perfectamente dentro de la estrecha franja que marca su presupuesto y se fijó en unas jugadoras muy determinadas, muy puntuales. Sin embargo, fichar a jugadoras como Desirée Glaubitz o Mireia Navarrete elevan el nivel del equipo y potencian uno de sus puntos flacos el pasado año: el tiro exterior.

A nadie se le escapa que la marcha de Polimnia Sarekgou, que jugó mejor que nunca en España con la camiseta del Extrugasa, va a ser muy pesada. Su recambio, Gisela Vega, no va a desempeñar la misma labor: se ganará mucha presencia intimidatoria y mucha fuerza bajo los tableros, pero indudablemente la movilidad y la puntería ofensiva de la griega difícilmente podrá equipararla la entrerriense (aun así, Fernández dice que sí podrá suplir lo mucho y bueno que hizo la griega). Es por esto que el peso de los esquemas defensivos y ofensivos del conjunto arosano se han debido trasladar hacia fuera. De todos modos, me parece loable (y también una causa de fuerza mayor) la apuesta definitiva con Clara Bermejo. Calidad y potencial las tiene a espuertas. Simplemente (bueno, en el fondo no es tan simple) debe asumir ese rol. Si lo hace, la Selección estará más cerca: nos hacen falta bases fuertes.

Está claro que no he descubierto la sopa de ajo. El mérito de este club viene ya de mucho más lejos. Recuerdo ver el partido más importante en la historia de este modesto del baloncesto femenino: aquellos cuartos de final de la Copa de la Reina en Godella (año 2000). Entonces también la entidad debía basarse en los principios que lo rigen ahora de humildad y tampoco fue óbice para descubrir a jugadoras tapadas como Françoise Meyendo. El caso de la centroafricana se ha repetido con Gertrudis Gómez, que con confianza ha demostrado su valía para esta Liga.

Desde la modestia, desde el poder de la humildad, el Extrugasa es un club admirable, que consigue sobrevivir en la elite con mucho menos dinero que otros. Los grandes deberían aprender de esta capacidad de fichar bueno y barato y de la sensatez de un club modélico.

 

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