| Las ansias de
triunfo y los proyectos
abrumadores frecuentemente
deslumbran y nos suelen seducir
más de lo debido. El poder
económico permite alcanzar la
gloria entendida como campeonatos
y estos equipos son los que se
llevan los aplausos más
fáciles. Es fácil ser
aficionado de un club ganador
porque gusta ganar. Por
suerte, aún existen clubes que
emanan un envidiable y
entrañable romanticismo. Clubes
que se mantienen con cuatro
duros, siempre en la cuerda
floja, siempre resoplando en cada
jornada y cuya sencillez le
permite sobrevivir año tras
año.
De
todos estos, es admirable la
situación del Extrugasa Cocinas
Carballo, que se ha convertido en
una especie de poblado galo,
resistiendo los envites de los
romanos, utilizando la
inteligencia para sobrevivir y
persistir en terreno enemigo.
El club arosano conoce sus
recortados límites y en esta
conciencia de su humildad logra
su salvación.
Para
mí, el equipo gallego ha sido el
más listo de todos y el que ha
hecho los mejores fichajes
teniendo en cuenta la siempre
complicada relación
precio-calidad-presupuesto.
Primero, renovó con mucha
antelación a Jordi Fernández,
un ENTRENADOR con mayúsculas que
se conoce todas las
circunstancias posibles en el
baloncesto. Fernández es ideal
para el Extrugasa porque
representa los mismos valores que
el club pontevedrés. No
obstante, por ese conocimiento de
este deporte me da pena que
ningún grande haya confiado en
él.
Una
vez renovado al hombre que
instaló al equipo en una zona
cómoda el pasado año, le cedió
casi todo el mando operativo para
confeccionar una plantilla a su
gusto, como deben hacerse las
cosas. Y aquí la inteligencia ha
sido mucho mayor si cabe.
Conociendo la poca disponibilidad
de caja, el Extrugasa se movió
antes que nadie para realizar los
retoques necesarios y evitar
revalorizaciones.
Anduvo
muy rápido con Gisela Vega,
invitándola a sus entrenos y
comprobando in situ que es
la pívot joven más determinante
de nuestro baloncesto.
Naturalmente, se la quedó. Si
hubieran esperado a ficharla al
Mundial, Vega habría recibido
ofertas más sustanciosas.
Después el club se supo mover
perfectamente dentro de la
estrecha franja que marca su
presupuesto y se fijó en unas
jugadoras muy determinadas, muy
puntuales. Sin embargo, fichar a
jugadoras como Desirée Glaubitz
o Mireia Navarrete elevan el
nivel del equipo y potencian uno
de sus puntos flacos el pasado
año: el tiro exterior.
A
nadie se le escapa que la marcha
de Polimnia Sarekgou, que jugó
mejor que nunca en España con la
camiseta del Extrugasa, va a ser
muy pesada. Su recambio, Gisela
Vega, no va a desempeñar la
misma labor: se ganará mucha
presencia intimidatoria y mucha
fuerza bajo los tableros, pero
indudablemente la movilidad y la
puntería ofensiva de la griega
difícilmente podrá equipararla
la entrerriense (aun así,
Fernández dice que sí podrá
suplir lo mucho y bueno que hizo
la griega). Es por esto que el
peso de los esquemas defensivos y
ofensivos del conjunto arosano se
han debido trasladar hacia fuera.
De todos modos, me parece loable
(y también una causa de fuerza
mayor) la apuesta definitiva con
Clara Bermejo. Calidad y
potencial las tiene a espuertas.
Simplemente (bueno, en el fondo
no es tan simple) debe asumir ese
rol. Si lo hace, la Selección
estará más cerca: nos hacen
falta bases fuertes.
Está
claro que no he descubierto la
sopa de ajo. El mérito de este
club viene ya de mucho más
lejos. Recuerdo ver el partido
más importante en la historia de
este modesto del baloncesto
femenino: aquellos cuartos de
final de la Copa de la Reina en
Godella (año 2000). Entonces
también la entidad debía
basarse en los principios que lo
rigen ahora de humildad y tampoco
fue óbice para descubrir a
jugadoras tapadas como Françoise
Meyendo. El caso de la
centroafricana se ha repetido con
Gertrudis Gómez, que con
confianza ha demostrado su valía
para esta Liga.
Desde
la modestia, desde el poder de la
humildad, el Extrugasa es un club
admirable, que consigue
sobrevivir en la elite con mucho
menos dinero que otros. Los
grandes deberían aprender de
esta capacidad de fichar bueno y
barato y de la sensatez de un
club modélico.
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