OPINIÓN

     

Viernes, 26-04-2002
PERE FERRERES
Periodista

El Pan Que Se Da


Borja, el emprendedor
 
No hay nada que carezca de sentido. Por lo que ahora sabemos, poder practicar deporte allí con un mínimo de garantías competitivas es algo casi único en el mundo. Romário da Souza dijo que estaba aquí por Cristo; Borja Vidal Fernández está en el baloncesto por voluntad propia. Allí, en Pontigón, un pueblecito asturiano de apenas una treintena de habitantes, tenía que hacer cada día 240 kilómetros para poder estudiar y jugar. Borja soñaba con un día importante, adaptándose lo mejor que sabía a una situación con muchas incógnitas en aquellos momentos. Tenía 15 años y era como Shaquille O'Neal, pero alimentado con fabada: pesaba 140 kilos.

Los desplazamientos a Avilés siempre fueron especiales para él. Iba y venía como si tal cosa, sin reparar todavía en la reproducida sentencia del escritor y dramaturgo Samuel Beckett: "No hay partido de vuelta entre el hombre y su destino". Su jornada empezaba a las seis y media de la mañana. Hacía 60 kilómetros para ir a la escuela y 60 más para regresar al pueblo. A media tarde, su padre le acompañaba al entrenamiento de su equipo cadete avilesino y volvía a hacer otra vez los 120 kilómetros de ida y vuelta. Total: 240 kilómetros diarios. Un artículo sobre Borja publicado en el diario La Nueva España de Oviedo llamó la atención del programa Dossier, de Manuel Giménez, en TVE. Le hicieron un reportaje.

Hacer deporte, hacer baloncesto, es explorar también territorios desconocidos. La esposa del entonces directivo del Joventut de Badalona Alfred Carrillo vio el reportaje y se apuntó el nombre del pueblo. Carrillo llamó al Ayuntamiento de Pontigón y se identificó. El alcalde, Jesús Landeira, le puso en contacto con el joven. Así fue como llegó a Catalunya, un país que lleva el deporte en las venas, como explica mi gran amigo, el ex jugador del Barça de hockey sobre patines, Jordi Vila-Puig.

Era la Semana Santa de 1997. Lo fue a recibir al aeropuerto de El Prat Miguel Ángel Forniés. "Desde el primer momento, descubrí que era un chaval muy campechano, muy sanote", recuerda el polivalente y genuino Micki. Se fue a vivir a casa de Miquel Nolis; ahora vive en un apartamento de Badalona, solo. La vida también depende de nosotros. Borja Vidal Fernández dejó atrás un pueblo que le había colocado ya una canasta por orden del señor alcalde y que vive de la agricultura, la ganadería y las minas. Ahora, él es una mina de oro en potencia. Si Pau Gasol es el Kevin Garnett europeo, Borja puede ser El Gordo Barkley del siglo XXI.

Todo lo ha conseguido a base de trabajo. Empezó con el junior B del Joventut con Josep Solà. La temporada siguiente, en el junior A con Joan Plaza. Después, dos temporadas en el filial, en la Liga EBA, (la primera con Joan Plaza y la segunda con Randy Knowles). El seleccionador español sub-20 Paco García le convocó el pasado verano, por vez primera, para el Mundial de Japón. "La progresión de Borja Fernández es evidente y su internacionalidad es un premio, una recompensa, a su buen trabajo, algo de lo que nos alegramos profundamente en el club, en el Joventut", en palabras de Forniés.

Diversos equipos de la LEB lo quieren en sus plantillas para la próxima temporada. En la Penya ven con buenos ojos una cesión para que pueda adquirir experiencia antes de incorporarlo definitivamente al primer equipo verdinegro. Ha perdido 30 kilos gracias a su dieta equilibrada, pero Borja ha ganado peso en el baloncesto español. Todos destacan sus ganas de aprender y su gran espíritu de sacrificio.

Es un tímido casi patológico, pero se ha integrado a Badalona sin problemas. Poco a poco se ha convertido en compañero de viaje de Dramec y Dumas. Cree que es el tiempo el que nos hace mejores día a día. No conoce la envidia. Sabe que el espíritu es lo que arma al hombre. Sentimentalmente, es patrimonio del Joventut de Badalona. Para Borja Vidal Fernández, jugar en la Penya no es una frivolidad ni una desesperación. Es un honor.

 
© Basket Confidencial, 12-12-2001 www.basketconfidencial.com
 

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