OPINIÓN

     

Viernes, 11-10-2002
PERE FERRERES
Periodista

El Pan Que Se Da


Una Liga sin Aíto no va a ser lo mismo
 
Sé que despierta amor y odio. No sé si se le ha subido el currículum a la cabeza. Tampoco sé si es más egoísta que otros entrenadores consagrados, o exactamente lo mismo. Aíto es raro. No seré yo quien lo desmienta. Pero Aíto también es un caballero.

En Buenos Aires (Mundial de 1990), el Barça negociaba el fichaje de un jugador extranjero. Aíto comentaba el Mundial para TVE. Por la diferencia horaria entre España y Argentina, los de azulgrana tenían ya atado a Piculín Ortiz cuando nos encontramos en el desayuno del Sheraton bonaerense. Aíto y yo, cara a cara. Aíto fue incapaz de explicarme lo de Piculín. Horas después, el Barça hacía oficial el fichaje. Se lo recriminé más tarde. Me dijo que no podía permitirse el lujo de filtrar noticias a nadie. Así es Aíto.

Un día, al llegar a un pabellón de baloncesto para transmitir un partido, Aíto me vio y vino como una flecha: "¡Felicidades!" Era mi santo. Fue el primero en felicitarme. Así es Aíto. O lo tomas o lo dejas.

Y ahora, ya los veis: el mundo al revés en el F.C. Barcelona. Ha vuelto Van Gaal y se ha ido Aíto porque no le han renovado el contrato. El barcelonismo tiene cada vez más motivos para desconectar del actual Barça. Aíto se ha marchado y desde el club se ha justificado su despido en nombre de no sé qué renovación de la sección de Baloncesto. Quien ha explicado eso es el responsable de la sección. Muy bien. Si lo que hacía falta de verdad era una renovación, perfecto: El primero que tenía que marcharse es Salvador Alemany.

No. Han hecho lo que hacen siempre. Los responsables de la gestión (de la mala gestión) se quedan y echan al entrenador. Definitivamente, al socio del Barça no se le puede engañar. No se le puede engañar más.

Una garganta profunda del barcelonismo, generalmente bien informada, me asegura que Salvador Alemany llamó a su amigo Florentino Pérez cuando supo del interés del Real Madrid por fichar a Aíto para pedirle que no lo hiciera. La Casa Blanca había bendecido el fichaje de Aíto, pero la llamada de Alemany (ya los romanos decían que un amigo es un socio) sirvió para mover el escalafón de futuribles entrenadores madridistas, cuyo número uno pasó a ocuparlo Javier Imbroda. Daba pánico en el seno del Barça imaginar una final four la próxima primavera en el Palau Sant Jordi con Aíto campeón de Europa con el Real Madrid.

Aíto ha dejado el Barça con la cabeza bien alta. Todo empezó para este técnico tan peculiar en casa, en Chamberí (Madrid), donde nació en 1946. Su hermano mayor, Juan, no sabía decir "Alejandrito" y decía "Aíto", y él se quedó primero familiarmente con Aíto, más tarde en el colegio, posteriormente en el baloncesto, después casi todo el mundo se lo decía en todo el mundo, y ahora mucha gente no sabe que se llama Alejandro.

En aquel tiempo, Aíto soñaba poder hacer historia en el baloncesto. Soñaba a todas horas. Pronto entró en contacto con el Estudiantes, primero para jugar cinco años en los equipos de formación y después, cinco años más con el primer equipo. Empezó de pívot, pero evolucionó hasta la demarcación de base. Estudiaba para ser ingeniero de telecomunicaciones y estudió también Física antes de centrarse exclusivamente en el baloncesto. Un día, una oferta del Barça lo trasladó a Barcelona. Jugaría cinco años como azulgrana y empezaría a preparar su futuro como entrenador. En el Estudiantes había entrenado a equipos de minibasket. En Catalunya, empezó con el juvenil del Barça, fue entrenador del mítico Cotonificio de Badalona 10 años en Primera División, se fue dos años al Joventut y de la Penya otra vez al Barça.

Aíto es de aquellos personajes que despiertan en la gente la curiosidad por saber qué piensan los popes del mundo del deporte en los momentos de silencio solemne. Lo ven totalmente ocupado en su función, identificado, como una persona cuyo uniforme se ha girado hacia el interior hasta convertirse en su piel, su carne y su sangre.

Decía el sabio escritor de Palafrugell (Girona) Josep Pla que los hombres y las mujeres son imposibles de definir. Definir a Aíto es, sin duda, materialmente imposible. ¿Aíto es humano? Se lo pregunté en cierta ocasión y me contestó que sí y que lo que más le molesta es que se publiciten mucho más sus equivocaciones, sean ciertas o no, que lo contrario. Aíto siempre ha jugado fuerte y lo seguirá haciendo. Siempre ha pensado que lo más difícil del Barça es su entorno. Fue un pilar de la logia nuñista. Por eso, ahora, al decir adiós al club, ha lanzado un mensaje envenenado y ha tenido un recuerdo emocionado y sincero hacia Núñez, que siempre le defendió a muerte y ahora volvería a hacerlo.

En Madrid, Aíto iba a la Universidad Complutense en bicicleta. Un día le pregunté si no le daba miedo tener que salir del Palau Blaugrana en globo. Dijo que no. "Si ya salí dos veces en globo, ¿por qué no una tercera?"

El caso es que Aíto se ha marchado más fresco que nunca. Ha vuelto Van Gaal al Barça y se ha ido él del club: el Barça se lo tendría que hacer mirar. En 1988, tras perder en Holanda un partido que los podía dejar fuera de la final four de Gante, como así fue, Aíto manifestó que sólo le quedaba rezar.

Ahora, lo único que tiene que hacer es reír. Y esperar.

 
© Basket Confidencial, 28-08-2002 www.basketconfidencial.com
 

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