OPINIÓN

     

Jueves, 11-07-2002
PERE FERRERES
Periodista

El Pan Que Se Da


Tiempo era tiempo en la Unión Soviética
 
Vladimir Putin, presidente de Rusia, ha dado instrucciones desde el Kremlin para que el país recupere el prestigio deportivo. Ahora que se cumplen 10 años desde que Rusia ocupó el lugar de la Unión Soviética en las instituciones internacionales, Putin prepara un decreto para fomentar la práctica del deporte.

Se anuncian becas, una especial atención al deporte escolar y la construcción de instalaciones deportivas. Se quiere cuidar la salud de la gente y el eco internacional. Putin, practicante del judo y el esquí, querría ver una Rusia ganadora en los Juegos de Atenas 2004.

Las zapatillas de Bill Russell

Hace muchos años, cuando nadie podía imaginar una URSS a punto de caer en la histeria anticomunista, de cara al exterior el país vivía del legendario esplendor de la danza, que exportaba al mundo a través de las compañías oficiales del Bolshoi, y del deporte.

Todos hablaban con admiración de la preparación física de las bailarinas y de la valía de los deportistas soviéticos, que ayudaban a hacer que el análisis marxista se mostrase generosamente utópico a costa de la integridad física y de la libertad de los demás.

En aquellos tiempos, los héroes del deporte soviético se limitaban a cumplir y a callar. Si el poeta Josef Brodsky decía que el comunismo era la aplicación del proceso industrial a la fabricación en serie de dictadores, los ideólogos soviéticos del deporte eran unos grises y opacos stalinistas directamente implicados en el proceso de fabricación en serie de victorias. La utopía era la victoria, y en 1952 la URSS decidió volver a participar en unos Juegos, los de Helsinki.

Allí se celebró el primer enfrentamiento de la historia del baloncesto entre los EE.UU. y la URSS. Ganaron los norteamericanos. Tuvieron que pasar 20 años para que los soviéticos ganasen a los yanquis, en Múnich 1972, con una famosa canasta final de Alexandr Shasha Belov. En 1990 conocí a Viktor Zubkov, olímpico en baloncesto en Melbourne y Roma. Podíamos hablar de deporte, de olimpismo, pero ni siquiera la perestroika facilitaba conversar sobre otras cuestiones. No era posible hablar ni de Bertrand Russell ni de Brezhnev, y recuerdo que Zubkov me confesó que todo lo que había conseguido de su participación internacional habían sido las zapatillas que le regaló el legendario jugador norteamericano Bill Russell en los Juegos de 1956.

Saras, 'El Comunista'

En septiembre de 1991, en la reunión del Comité Ejecutivo del COI en Berlín, se trató la readmisión de las tres repúblicas bálticas que habían proclamado su independencia de la Unión Soviética. En los Juegos de Barcelona, la selección de Lituania ganaba una medalla. Ahora, el Barça de baloncesto tiene dos jugadores lituanos en la plantilla: Arturas Karnisovas y Sarunas Jasikevicius. El KGB ya no es aquella locomotora de fuerza enorme imposible de parar. La situación actual permite pasar por alto que entre los espías hay una cierta por la obligada transfiguración de su razón de existir. En el vestuario del Palau Blaugrana, Saras es conocido, en coña, como El Comunista.

 
© Pere Ferreres para El 9 Esportiu de Catalunya, 02-03-2002 Traducción: Iván Serres
 

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