| Hay dos
formas de vivir un campeonato: en
la madera o en el cemento. En la
cancha o en la grada.
Evidentemente a todos nos gusta
hacerlo en la primera, pero esta
vez hubo que hacerlo desde las
alturas. Más objetividad, más
partidos presenciados, más ambiente
total, pero menos
participación y corazón. La
adrenalina da paso al sudor
frío... De entrada deberé
de significar que los horarios
impuestos por la organización
(FEB) hacen materialmente
imposible seguir los dos grupos
de la categoría Especial, hecho
evitable al haber dos pistas en
el mismo pabellón. Es una pena,
pero...
Asistimos
a una victoria indiscutible,
elocuente y anunciada de un
equipo que renunció a valores
físicos (altura) para arrasar
por medio de otros: calidad,
talento, explosividad, gran
esfuerzo y trabajo defensivo
(individual y colectivo) para
paliar ese déficit de
centímetros. Cataluña hacía
callar al respetable como si de
un concierto de música clásica
se tratara. Había tal
concentración en su rictus, tal
sensación de maquinaria que no
se descompone ante ninguna
situación, que ni la serie de
aciertos de la canaria Saray
Betancourt ni el derroche
estajanovista de la primera
línea madrileña hicieron la
más mínima mella en su actitud.
La forma de jugar con cuatro
exteriores y una sola grande
acentuaba aún más sus
posibilidades de aumentar el
ritmo y convertirlo en
trepidante, además de someter al
equipo contrario a muchos
desajustes en estático por no
poder parar la velocidad de
ejecución de los constantes uno
contra uno de las catalanas.
Madrid,
por su parte, jugó con el ritmo
de partido: ataques resueltos en
la primera ventaja obtenida
(mucho lanzamiento exterior) y
defensa excesivamente agresiva en
primera línea, limitando así
las situaciones de juego interior
al rival (donde lo podían pasar
verdaderamente mal), sufriendo a
veces una sucesión eterna de
tiros libres, aliviado por una
amplia rotación de banquillo
para resguardar así a su mejor
jugadora (Argüello).
Castilla
y León, para terminar con el
cuadro de honor, hizo gala de una
propuesta de juego más lento con
una buena dosis de centímetros
en cancha. La ausencia de un
segundo base y los problemas para
superar la presión rival
supusieron un importante handicap
que erosionaba la superioridad
interior. No obstante,
sobresaliente para una comunidad
con una competición interna
bastante menos exigente que la de
las dos grandes potencias.
Las
tres selecciones habían escogido
una columna vertebral basada en
sus equipos franquicia: Cataluña
(Universitat de Barcelona),
Madrid (Creff) y Castilla-León
(Ponce), adquiriendo sus virtudes
y sus defectos y simulando
también la futura batalla del Campeonato
de España de Clubs.
Empezando
el repaso individual, digamos que
Silvia Domínguez dejó patente
su bien ganada fama de base
completa: defensa, no comete
errores, dirige, hace buenas a
las compañeras, buen gesto de
lanzamiento, grandes recursos en
el último paso de la
penetración y donde ha mejorado
más ha sido en el pase: es la
mejor pasadora de contraataque
que ha pisado por un campeonato
cadete. Su repertorio y
efectividad han sido demoledores.
A
su lado dos escuderas de lujo:
Laura Fábrega y Alba Fernández,
que han ido a más en el
transcurso de la competición. La
rotación entre las tres, jugando
así con dos bases siempre, era
demasiado complicada para los
rivales durante 40 minutos. Por
su parte, Anna Carbó ha dado
muestras de que aún siendo de
primer año su potencia y
determinación tendrán efectos
devastadores en estas categorías
de formación. Quizás todos
echemos en falta algo más de
tiro desde lejanas posiciones,
pero tiempo tiene. Encomiable su
actitud en el bloqueo de rebote
ante jugadoras mucho más
grandes.
Completarían
la nómina de jugadoras
exteriores destacadas del
campeonato la recuperada Mar
Luengo (Castilla y León), tras
un año de baja por lesión; Eva
Lorenzo (Madrid), con una mano
prodigiosa y un gran sentido del
pase interior; Esther Carrillo
(Castilla y León), cada día
más completa pero todavía muy
irregular; Patricia Argüello
(Madrid), una auténtica senior
en el campo que hace de todo y
bien; y Laura Giménez (Aragón),
que se echó a las espaldas a su
equipo en multitud de ocasiones,
al igual que Jara Salgado
(Extremadura).
En
cuanto a las jugadoras
interiores, las que a mi juicio
fueron las mejores serían María
Pina (Valencia), demoledora a
tres metros y excelente lectura
de juego, y Saray Bethancourt
(Canarias), que incluso hace
pinitos en el puesto de alero y
que contra Cataluña hizo un
partido memorable. Alejandra de
la Fuente (Castilla y León) cada
año mejor, pero es difícil
jugar con tanta contraria
agarrada del brazo todo el
partido... Aauri Bokesa (Madrid)
dará que hablar el próximo año
y Laura Herrera (Canarias) dio la
impresión de no estar al 100%
físicamente.
Por
cierto, fiasco de las jugadoras
del Siglo XXI, a excepción de
María Pina. Un montón de
jugadoras de comunidades de las
llamadas pobres tendrían
un sitio excelente en el Siglo
para mejorar porque se las
adivinaban tremendas cualidades
sin explotar... Ése era el
objetivo primitivo y primordial
en su creación, ¿no? Yo, iluso
de mí, creía que todas las que
entraban allí se salían del
mapa después, pero veo que no,
las varitas mágicas no existen.
A lo mejor en los clubs no se
trabaja tan mal. Y es que no hay
más ciego que el que no quiere
ver...
¿Los
entrenadores? Alemany (Cataluña)
tenía que ser un Del Bosque:
simplemente no molestar y apagar
egos, cosa que hizo
indudablemente con éxito;
Alderete (Madrid) se mantuvo fiel
a un sistema de juego arriesgado
pero que valió para ganar unas
semifinales; Castillo (Castilla y
León), desesperado por la
irregularidad de su equipo, deja
un gran balance para la comunidad
(plata y bronce consecutivos);
Ricardo Turmo (Aragón), con
sencillez y buen rollo de equipo,
consiguió un loable cuarto
puesto para una generación que
descendió en infantiles.
¿El
sistema de competición? Hay que
cambiarlo ya. El sistema de
ascensos y descensos premia o
castiga a las regiones, pero deja
un lastre para la siguiente
edición. País Vasco tenía
suficiente nivel para estar en el
grupo Especial y Valencia
desciende siendo posiblemente
mejor que varios del otro grupo.
Extremadura (tal y como el año
pasado sucedió con su selección
masculina) consigue un ascenso
con su mejor generación en
muchos años que disfrutará
una selección posiblemente peor
a la que condenaremos quizás a
derrotas estrepitosas. Creo que
hay soluciones que deben de ser
tomadas, aunque como el próximo
año esta juerga la paga el CSD,
pues puede suceder cualquier
cosa.
¿Los
árbitros? Como siempre, pero
siguen teniendo un problema
tremendo con los pasos. Les es
realmente difícil pitar a
chicas. En cuanto ven algo
extraño (cualquier juego de
pies) silbatazo al canto. Y su
reacción a la protesta del coach
de turno es meterse en una
espiral de señalización de
violaciones para demostrar que
sobre eso sabe como el que más y
que destrozan el basket.
Por lo demás (faltas, concepto
de ventaja/desventaja) bien.
¿Los
padres? Por lo que vi, mejor que
en Lloret y Blanes (infantil y
minibasket). Aún así todavía
tengo el susto en el cuerpo
provocado por un padre de Murcia,
que para increpar al árbitro
bajaba las escaleras como un
poseso (al de gris no le iba a
hacer nada, pero él se iba a
despeñar); además a estas
edades ya hay que cuidar el
corazón.
Me
chocó ver a dos personajes que
han marcado el último lustro del
baloncesto femenino español
pasando desapercibidos en la
grada: Juan Corral y Elena
Tornikidu. ¡Cuántas cosas nos
podrían contar y enseñar en un
ratito!
Con
todo, me quedaré con dos frases:
"¿Por
qué eres tan buena, 12?" al
más puro estilo Andrés Montes
de un jugador catalán referido a
la canaria Saray Betancourt como
si fuera McGrady.
"Señor
Cuesta, ¿tiempo de juego y
resultado?"... jejeje... sin
comentarios.
Y
una palabra:
"¡Ca-ta-lu-ña!" de
los señores Domínguez, Carbó y
Coma (así hay que comportarse,
animando y nada más).
Un
placer y hasta el año que viene.
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