OPINIÓN

     

Jueves, 09-01-2003
SAFRI DUO
Forero/a

Todo el mundo
va a Rick's


Una  gran orquesta y varios solistas más
 
Hay dos formas de vivir un campeonato: en la madera o en el cemento. En la cancha o en la grada. Evidentemente a todos nos gusta hacerlo en la primera, pero esta vez hubo que hacerlo desde las alturas. Más objetividad, más partidos presenciados, más ambiente total, pero menos participación y corazón. La adrenalina da paso al sudor frío...

De entrada deberé de significar que los horarios impuestos por la organización (FEB) hacen materialmente imposible seguir los dos grupos de la categoría Especial, hecho evitable al haber dos pistas en el mismo pabellón. Es una pena, pero...

Asistimos a una victoria indiscutible, elocuente y anunciada de un equipo que renunció a valores físicos (altura) para arrasar por medio de otros: calidad, talento, explosividad, gran esfuerzo y trabajo defensivo (individual y colectivo) para paliar ese déficit de centímetros. Cataluña hacía callar al respetable como si de un concierto de música clásica se tratara. Había tal concentración en su rictus, tal sensación de maquinaria que no se descompone ante ninguna situación, que ni la serie de aciertos de la canaria Saray Betancourt ni el derroche estajanovista de la primera línea madrileña hicieron la más mínima mella en su actitud. La forma de jugar con cuatro exteriores y una sola grande acentuaba aún más sus posibilidades de aumentar el ritmo y convertirlo en trepidante, además de someter al equipo contrario a muchos desajustes en estático por no poder parar la velocidad de ejecución de los constantes uno contra uno de las catalanas.

Madrid, por su parte, jugó con el ritmo de partido: ataques resueltos en la primera ventaja obtenida (mucho lanzamiento exterior) y defensa excesivamente agresiva en primera línea, limitando así las situaciones de juego interior al rival (donde lo podían pasar verdaderamente mal), sufriendo a veces una sucesión eterna de tiros libres, aliviado por una amplia rotación de banquillo para resguardar así a su mejor jugadora (Argüello).

Castilla y León, para terminar con el cuadro de honor, hizo gala de una propuesta de juego más lento con una buena dosis de centímetros en cancha. La ausencia de un segundo base y los problemas para superar la presión rival supusieron un importante handicap que erosionaba la superioridad interior. No obstante, sobresaliente para una comunidad con una competición interna bastante menos exigente que la de las dos grandes potencias.

Las tres selecciones habían escogido una columna vertebral basada en sus equipos franquicia: Cataluña (Universitat de Barcelona), Madrid (Creff) y Castilla-León (Ponce), adquiriendo sus virtudes y sus defectos y simulando también la futura batalla del Campeonato de España de Clubs.

Empezando el repaso individual, digamos que Silvia Domínguez dejó patente su bien ganada fama de base completa: defensa, no comete errores, dirige, hace buenas a las compañeras, buen gesto de lanzamiento, grandes recursos en el último paso de la penetración y donde ha mejorado más ha sido en el pase: es la mejor pasadora de contraataque que ha pisado por un campeonato cadete. Su repertorio y efectividad han sido demoledores.

A su lado dos escuderas de lujo: Laura Fábrega y Alba Fernández, que han ido a más en el transcurso de la competición. La rotación entre las tres, jugando así con dos bases siempre, era demasiado complicada para los rivales durante 40 minutos. Por su parte, Anna Carbó ha dado muestras de que aún siendo de primer año su potencia y determinación tendrán efectos devastadores en estas categorías de formación. Quizás todos echemos en falta algo más de tiro desde lejanas posiciones, pero tiempo tiene. Encomiable su actitud en el bloqueo de rebote ante jugadoras mucho más grandes.

Completarían la nómina de jugadoras exteriores destacadas del campeonato la recuperada Mar Luengo (Castilla y León), tras un año de baja por lesión; Eva Lorenzo (Madrid), con una mano prodigiosa y un gran sentido del pase interior; Esther Carrillo (Castilla y León), cada día más completa pero todavía muy irregular; Patricia Argüello (Madrid), una auténtica senior en el campo que hace de todo y bien; y Laura Giménez (Aragón), que se echó a las espaldas a su equipo en multitud de ocasiones, al igual que Jara Salgado (Extremadura).

En cuanto a las jugadoras interiores, las que a mi juicio fueron las mejores serían María Pina (Valencia), demoledora a tres metros y excelente lectura de juego, y Saray Bethancourt (Canarias), que incluso hace pinitos en el puesto de alero y que contra Cataluña hizo un partido memorable. Alejandra de la Fuente (Castilla y León) cada año mejor, pero es difícil jugar con tanta contraria agarrada del brazo todo el partido... Aauri Bokesa (Madrid) dará que hablar el próximo año y Laura Herrera (Canarias) dio la impresión de no estar al 100% físicamente.

Por cierto, fiasco de las jugadoras del Siglo XXI, a excepción de María Pina. Un montón de jugadoras de comunidades de las llamadas pobres tendrían un sitio excelente en el Siglo para mejorar porque se las adivinaban tremendas cualidades sin explotar... Ése era el objetivo primitivo y primordial en su creación, ¿no? Yo, iluso de mí, creía que todas las que entraban allí se salían del mapa después, pero veo que no, las varitas mágicas no existen. A lo mejor en los clubs no se trabaja tan mal. Y es que no hay más ciego que el que no quiere ver...

¿Los entrenadores? Alemany (Cataluña) tenía que ser un Del Bosque: simplemente no molestar y apagar egos, cosa que hizo indudablemente con éxito; Alderete (Madrid) se mantuvo fiel a un sistema de juego arriesgado pero que valió para ganar unas semifinales; Castillo (Castilla y León), desesperado por la irregularidad de su equipo, deja un gran balance para la comunidad (plata y bronce consecutivos); Ricardo Turmo (Aragón), con sencillez y buen rollo de equipo, consiguió un loable cuarto puesto para una generación que descendió en infantiles.

¿El sistema de competición? Hay que cambiarlo ya. El sistema de ascensos y descensos premia o castiga a las regiones, pero deja un lastre para la siguiente edición. País Vasco tenía suficiente nivel para estar en el grupo Especial y Valencia desciende siendo posiblemente mejor que varios del otro grupo. Extremadura (tal y como el año pasado sucedió con su selección masculina) consigue un ascenso con su mejor generación en muchos años que disfrutará una selección posiblemente peor a la que condenaremos quizás a derrotas estrepitosas. Creo que hay soluciones que deben de ser tomadas, aunque como el próximo año esta juerga la paga el CSD, pues puede suceder cualquier cosa.

¿Los árbitros? Como siempre, pero siguen teniendo un problema tremendo con los pasos. Les es realmente difícil pitar a chicas. En cuanto ven algo extraño (cualquier juego de pies) silbatazo al canto. Y su reacción a la protesta del coach de turno es meterse en una espiral de señalización de violaciones para demostrar que sobre eso sabe como el que más y que destrozan el basket. Por lo demás (faltas, concepto de ventaja/desventaja) bien.

¿Los padres? Por lo que vi, mejor que en Lloret y Blanes (infantil y minibasket). Aún así todavía tengo el susto en el cuerpo provocado por un padre de Murcia, que para increpar al árbitro bajaba las escaleras como un poseso (al de gris no le iba a hacer nada, pero él se iba a despeñar); además a estas edades ya hay que cuidar el corazón.

Me chocó ver a dos personajes que han marcado el último lustro del baloncesto femenino español pasando desapercibidos en la grada: Juan Corral y Elena Tornikidu. ¡Cuántas cosas nos podrían contar y enseñar en un ratito!

Con todo, me quedaré con dos frases:

"¿Por qué eres tan buena, 12?" al más puro estilo Andrés Montes de un jugador catalán referido a la canaria Saray Betancourt como si fuera McGrady.

"Señor Cuesta, ¿tiempo de juego y resultado?"... jejeje... sin comentarios.

Y una palabra: "¡Ca-ta-lu-ña!" de los señores Domínguez, Carbó y Coma (así hay que comportarse, animando y nada más).

Un placer y hasta el año que viene.

 

masbasket@masbasket.com
© masBasket, 2003