DIARIO DE VIRGINIA
Verano Olímpico
En Atenas
 
 
Miércoles 01-09-2004
Virginia Algora

Atenas (Grecia)

Durante el encuentro contra EE.UU. en el Torneo de Salamanca me dije que no podía perderme ver a la selección en unos Juegos Olímpicos. Ya viendo los partidos desde casa supe que tenía que ir a Atenas. Debía estar con la selección en el partido más importante de sus vidas. Si ganaban podía compartir la alegría por alcanzar el hito histórico de unas semifinales y si perdían, podría estar cerca de ellas para apoyarlas en un momento amargo.



Además de toda la ilusión del mundo por poder estar presente en unas Olimpíadas, me llevé en la mochila las pancartas que han estado acompañando a la selección durante todos los encuentros de preparación disputados en la Penísula. Incluso tenía previsto el lugar donde las colocaría. Pero en mis predicciones olvidé dos cosas, por un lado que los cuartos de final los jugarían en el Olimpic Indoor Hall en lugar de en el Pabellón Helliniko y que hay una norma olímpica que impide colocar pancartas de más de un metro de largo, y dos de las tres que llevaba sobrepasaban esa medida. En fin...


Dependiendo de la ubicación, las entradas tienen, evidentemente, un precio u otro. Aunque siempre se puede echar mano de la picaresca española para esquivar al voluntario de turno y ponerte en primera fila, cosa que se agradece. Ya que había llegado hasta Atenas no estaba dispuesta a ver los partidos de lejos. Además aunque viajé sola, conmigo venían las ilusiones de todos los aficionados al baloncesto femenino español y “teníamos” que estar lo más cerca posible del equipo.

No sé cómo se vio el partido desde España, desde el Pabellón Olímpico se vio que aunque la selección estuvo en defensa tan bien como siempre (rebotes aparte, aunque también igual que siempre), nos faltó fluidez en ataque. Se vio que no tuvimos el día (justo ese día) y se vio que si nos volvemos a enfrentar a Brasil diez veces, les ganamos quince, eso seguro. Fue una pena pues estaba en nuestra mano haber hecho historia y no pudo ser. No hay más que decir.

A los dos días se encontraron de nuevo con la República Checa, esta vez para dirimir quien se alzaba con la quinta plaza y quien terminaría en la sexta posición del torneo olímpico. Las cosas no salieron bien desde el comienzo. Las nuestras aún no estaban recuperadas del palo que supuso perder contra Brasil y las checas se aprovecharon de ello. Nos tomaron una ventaja importante que mantuvieron hasta el final del encuentro. Quizá alguno piense que de un partido así no se pueden sacar conclusiones positivas, pero yo las vi. De nuevo esquivé al voluntario de turno (todos mis respetos para ellos que hacen una labor imprescindible) y volví a colocarme tras el banquillo español, esta vez el Trugo vino conmigo.



Y desde allí, escuché los ánimos que el banquillo daba a las compañeras de la pista a pesar de ir perdiendo de quince. Ese es uno de los detalles que caracteriza a este equipo y que las hacen ser tan especiales. A pesar de ir quince abajo en el marcador y de estar jugando un partido que seguro hubiesen preferido ahorrarse, allí estaban intentando luchar como si se jugasen algo mucho más importante de lo que realmente estaba en juego. Esas ganas, esa lucha, esa entrega que los que las seguimos desde hace tiempo ya conocemos ha servido para que muchos que por primera vez veían un partido de baloncesto femenino se enganchen. Algunas incluso les hicieron carteles a Laia Palau y hasta sin conocerla de nada se plantean hacer un viaje a Bourges sólo para volver a verla jugar. Eso es lo que tiene este equipo, que aunque poca gente lo sepa, crean afición allá por donde pasan.

Y os preguntaréis si mereció la pena viajar hasta Atenas para lo que pasó. Pues mi respuesta es sí. Estuve allí, en el partido más importante de sus vidas, y tan sólo nos quedamos a cinco puntos de haber hecho historia. Perdimos, sí, pero si se hubiese ganado yo hubiese estado allí.

Además pude ver en directo el último partido de Betty con la selección. Llamarme sentimental si queréis pero se me saltaron las lágrimas cuando Su Ilustrísima convirtió dos tiros libres en el último minuto del partido. Sus últimos puntos con España. Sólo por eso mereció la pena todo lo demás.




Y a partir de ahora a pensar en Beijin 2008. Aún queda mucho para la próxima cita olímpica pero en toda esta Olimpíada (los cuatro años que transcurren entre unos Juegos y otros) estoy segura de que esta selección nos seguirá ofreciendo grandes alegrías. Y la lucha, la entrega, las ganas y todo lo que son capaces de dar en una cancha seguirán enganchando a quien las vea. A mí me engancharon hace diez años y hasta hoy. Gracias por todo chicas.


P.D. Si alguien piensa ir a los JJ.OO. de Pekín’08 ya sabe; las pancartas sólo pueden medir un metro...


 

 

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