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El esperado
Mundial de China comienza este
sábado con las tres medallas de
rigor en juego. Unas distinciones
a las que aspiran los favoritos
de siempre, los aspirantes de
casi siempre y aquellas
selecciones que se cuelan en los
cuartos de final y que crean las
dudas razonables de siempre. Pero
por lo que a los españoles
respecta, este Mundial no es el
de siempre, al menos en
principio. Los
excelentes resultados cosechados
en la preparación, la mentalidad
competitiva y agonística de
Vicente Cholas Rodríguez,
el bronce del pasado Europeo y la
fe ciega que transmite esta Selección,
provocan un sentimiento de
esperanza para el partido más
importante del Mundial: el del
cruce. España tiene la capacidad
y las jugadoras necesarias para
llegar y superar los cuartos de
final y plantarse en la lucha por
los metales, lo cual
significaría superar el quinto
puesto de Alemania 1998 y,
naturalmente, el octavo de
Australia 1994.
España,
de cabo a rabo
Puede
que se pague ese factor tan
decisivo en este tipo de torneos
llamado inexperiencia o que se
supere con la inteligencia en la
pista (tanto las cinco que juegan
y las siete que esperan su turno,
como la del cuerpo técnico). Por
esto podemos estar tranquilos: el
scouting de Fernando
Merchante ya fue excelente en
Francia 2001 y el provecho sacado
por Cholas, también
fantástico. En una comparación
un tanto liviana con el combinado
masculino sale mejor parado el
femenino en lectura de juego y en
defensa (y mira que en cuanto a
la defensa resulta difícil
superar a los de Javier Imbroda).
Pero nos falta una Pau Gasol, una
estrella que marque las
diferencias por dentro. Betty
Cebrián, en su despedida de la Selección,
aportará las tablas, los rebotes
y la lectura exacta debajo de los
tableros. Por fuera, España va
sobrada de calidad y de estrellas
a las que echar los balones que
más quemen. Esa función, que
antes desempeñaba con pasmosa
naturalidad Nieves Anula, ahora
se la reparten sobre todo Amaya
Valdemoro y Marta Fernández, que
se hartaron la pasada temporada
de coger la responsabilidad en el
Ros Casares Valencia.
Pero
la tapada de este
conjunto, la jugadora perfecta,
que lo mismo sirve para un roto
que para un descosido (Marta
Zurro aparte), es Laia Palau.
Puede subir el balón con
garantías, pegarse a la estrella
rival, ejercer de escolta (para
machacar a triples) o de alero
(para romper a entradas), correr
el contaataque...
El
grupo de escapados
Todo
suena muy bien en este río, pero
los otros también llevan aguas
de grandísima calidad, empezando
por el primer rival de España
(Australia) y acabando por
Estados Unidos, por ejemplo.
Vamos por la parte del cuadro de
España.
Australia.
Las oceánicas no parecen ser el
equipo que logró el bronce de Sydney
2000 y España le ha tomado la
medida en los últimos
enfrentamientos. Aún así, las opals
no dejan de tener jugadoras de
gran calidad, como la pívot de
las Seattle Storm, Lauren
Jackson, o nuestras
Trisha Fallon y Allison
Tranquilli.
Brasil.
Siempre ha sido el equipo más
capacitado para derrotar a
Estados Unidos. Unas veces lo ha
conseguido y otras no, pero la
calidad de las Helen Luz, Adriana
de Oliveira y Janeth Arcain
presume una nueva y emocionante
batalla. Probablemente, eviten a
las norteamericanas hasta la
final, ya que el primer lugar de
la segunda fase parece suyo.
China.
Alain Jardel reconoce en Basket
Feminin que, a pesar de la
reciente derrota ante Francia por
96 a 80, las chinas le habían
causado una grata impresión, a
lo que había que sumar el jugador
número seis: su entregado
público. No osbtante, esta China
no asusta como lo hacía la de
Haixia Zhen, pero tampoco escasea
de centímetros tanto como
pudiera aparentar (tres jugadoras
por encima de 1,90).
Vamos
por el otro lado del cuadro.
Estados
Unidos. Después de ver
el desastre masculino, ¿quién
se atreve a otorgar la medalla de
oro a este equipo? Pues muchos. Y
lo hacen con gran parte de razón
porque esta selección no es una
torpe suma de individualidades.
Es un elenco de estrellas capacitadas
para marcar diferencias: Lisa
Leslie (MVP de todo lo que se
puede ser MVP en este mundo),
Sheryl Swoopes, Katie Smith,
Shannon Johnson...
Rusia.
Otra potencia que da auténtico
miedo por la terrible mezcla de
calidad y altura, personificada
en esa jugadora llamada Elena
Baranova (una alero de 1,92
metros capaz de subir el balón,
de tirar de tres, de postear, de
penetrar tan rápido como
cualquier enana...). Otras cinco
jugadoras sobrepasan la barrera
de los 1,90; con especial
mención a Maria Stepanova (2,02)
y a Elena Khudashova (a sus 37
años sigue siendo la referencia
en el poste alto).
Francia.
La renuncia de Isabelle
Fijalkowski es un golpe duro para
una selección que escasea de
calidad bajo los tableros. Nicole
Antibe no se basta sola para
suplir el trabajo poco agradecido
de Fijalkowski, además de anotar
con frecuencia (esto sí sabe
hacerlo de maravilla). Por fuera,
más calidad imposible: una gran
directora de juego (Yannick Souvré),
la perfección técnica hecha
escolta (Cathy Melain), una
pujante triplista de 1,86 metros
(Sandra Le Dréan)... Todo eso
está muy bien, pero Fija
es mucha Fija y un
posible fin de la tregua firmada
por los pesos pesados para el
Europeo (¡se jugaba en casa!)
pueden pesar demasiado.
Príncipes...
y cenicientas
Que
nadie se asuste, que a España no
la pondremos en este apartado
pues ya ha quedado claro que hay
material para lograr una medalla.
Aquí pululan el resto de
selecciones, aunque Yugoslavia y
Corea del Sur nos crean aquella
duda razonable de la que
hablábamos.
Las
de plavi han añadido a
su plantilla a sus dos estrellas.
Gordana Grubin, la excelente base
del Lotos Clima Gdynia polaco, y
Katarina Lazic, sin suerte en las
New York Liberty, no estuvieron
presentes en Francia 2001. Habrá
que ver cómo Miroslav Popov
reparte balones para tanta
tiradora porque la talentosa Lara
Mandic y Hajdana Radunovic no son
precisamente mancas.
Por
su parte, las coreanas son
bajitas pero cierran el rebote de
maravilla, corren y corren y
encima tiran de tres puntos como
las mejores. Un peligro para
cuartos y si no, que se lo digan
a Francia en esa ronda de la
última competición olímpica.
En
un escalafón por debajo están
Argentina, Cuba, Japón y
Lituania, que tienen pequeñas
opciones de dar alguna sorpresa
que otra. Cenicientas a su pesar
son el resto. A saber: Senegal,
Taiwan y Túnez.
Esperemos
que España no cumpla aquel dicho
tan arraigado en estas latitudes
que dice: "Jugamos como
nunca y perdemos como
siempre". Esta
España a menudo no recuerda a esa
España.
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