Alicante tendrá el honor de contemplar los minutos postreros de la carrera de una leyenda viva del baloncesto femenino mundial. Las rodillas de Cathy Boswell han puesto punto final a 22 años de talento y humildad. Malditas rodillas que lastran el amor que esta maravillosa mujer le profesaba a nuestro deporte y por el que lo ha dado todo.

En veintidós años Cathy ha tenido tiempo suficiente para enseñar sus mejores movimientos, sus pases más espectaculares, su fantástico tiro,... Ha sido un master continuo del que hemos sido testigos privilegiados, del que nos ha hecho partícipes.

Pero no sólo en sus habilidades en la pista es donde reside el mayor tesoro que nos ha regalado. Su corazón, su humildad, su sencillez,... No merecíamos tanto y, sin embargo, a ella no le importaba dedicarte unos segundos, una mirada cómplice, una pequeña muestra de su infinita humanidad. No hay lugar para el desconsuelo porque, si bien la Boswell jugadora ya no existirá de forma activa, sí tendremos la inmensa suerte de poder tenerla entre nosotros, ya que seguirá viviendo cerca de Manresa.


Una persona que, a mediados de los años 80, cuando apenas había extranjeras de nivel en nuestro país, se decidió satisfacer su espíritu aventurero y regar con su inteligencia la época más dorada de nuestra competición. En Tenerife y en Segovia vimos a la Boswell más explosiva y atlética, que lideraba la liga en anotación. Tras una década deambulando por Italia, Brasil y por la malograda ABL, Luis Álvarez, el representante, logró sus derechos y la ofreció al Santa Rosa de Lima, que le dio la oportunidad de volver a tenerla entre nosotros. Tanto en Barcelona, como en Palma y en Olesa, se vio a una Cathy Boswell que ya no podía imponer sus cualidades físicas. Y allá donde no alcanza el cuerpo se impone la inteligencia y así es como este maravilloso epílogo no ha sido un cruel camino.

Allá donde su carrera se ha desarrollado ha dejado un incontable reguero de amistades que han sabido valorar su excepcional personalidad, su pasión por el baloncesto y sus ansias de integración. Porque el Set 96 Olesa (por poner el ejemplo más reciente) no jugaba con ninguna extranjera.

Como ya confesara en una entrevista a masBasket, Cathy seguirá ligada al basket. Le pica el gusano del banquillo y lo hará en España, donde se ha establecido de forma definitiva. Mucha suerte tendrá el/la jugador/a que la tenga como entrenadora, porque aprenderá a amar el baloncesto tanto como ella y porque recibirá lecciones de sencillez de un gran corazón. Además, completará su dedicación a nuestro deporte, prosiguiendo tímidamente con la representación de jugadoras.

Gracias, Cathy.











[En las postrimerías del partido entre el Olesa y el Lima-Horta, correspondiente a la penúltima jornada de la LFB-2, se le rindió una emotiva despedida. A falta de 1:14, Joan Carles Díez la cambió por Carretero. De esos instantes y de los actos a final del encuentro les ofrecemos el siguiente reportaje fotográfico de un momento que nadie deseaba que jamás llegara.]