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Fantasia
Goodwin podría ser una jugadora de baloncesto más; una anónima que pasara
desapercibida en la amplia constelación de equipos y universidades que
pueblan el panorama deportivo de Estados
Unidos. Pero las numerosas vicisitudes que le han sobrevenido a esta base de la
Universidad de Syracuse la hacen diferente del resto.
ÓSCAR CUESTA
Goodwin, ahora jugadora de Syracuse (universidad más famosa por su programa masculino)
ha tenido que sobreponerse a una dura infancia. Nacida un 10 de noviembre de
1985 en Hastings, un pequeño pueblo a las afueras de Nueva York, sufrió
maltratos cuando era un bebé por parte de su madre. Junto a sus dos
hermanas, a los tres años pasó a la custodia de los servicios sociales de
NY, que la cambiaron de hogar frecuentemente hasta que a los nueve años
ingresó en la Gramm School, una escuela con una reputada fama para
reconducir la vida de niños con problemas.
Allí se cruzó con Lisa Lynn, una trabajadora social que luchó durante
incontables horas para ganarse la confianza de Fantasia, a la vez que
también comenzaba a abrirse al mundo a través del baloncesto. Goodwin
encontró la terapia ideal en la pista para desarrollarse como persona, pero
su éxito fue brutal en el Marthin Luther King High School, donde promedió
33'3 puntos por partido.
Su salto a la competición universitaria la hizo en un junior college del
Bronx, Monroe, donde batió todas las marcas de anotación no sólo de la
institución sino también de la Division III de la NJCAA. En su primer año,
'Fantastic'
Goodwin llevó a la final nacional a las Lady Mustangs con sus 26'3 puntos,
17 rebotes de media y 6 robos (lo que han leído), pero cayó a las puertas de
la gloria tras un balance global de 33 triunfos y dos derrotas. Pero Goodwin
no falló al siguiente año. La alero lideró a Monroe al primer título
nacional de su historia (primer equipo del Bronx que lo logra) infligiendo
una severa derrota a su último rival (100-70 a la Mohawk Valley Community
College) promediando otros portentosos 27'8 puntos, 9'2 rebotes y 5'9 robos.
Estaba bien claro que la zurda de Fantastic pertenecía a una categoría
superior, tanto como para que la Universidad de Syracuse (División I NCAA)
se fijara en ella. La carrera de esta jugadora en su primer año con las
Orangewomen fue muy buena con una media de 12'0 puntos y 6'8 rebotes. Pero
nadie podía presagiar lo que le estaba ocurriendo a esta jugadora...
EL
SECRETO MEJOR GUARDADO
Si bien hasta el momento hemos hablado de una vida de superación continua
desde una infancia cruel a una adolescencia de éxito deportivo, la vida de
Fantasia Goodwin saltó a la primera plana de muchos blogs y publicaciones
deportivas de Estados Unidos cuando momentos antes del último partido de la
temporada ante Cincinatti (el pasado 25 de abril) comunicó a su entrenador,
Quentin Hillsman, que estaba jugando embarazada. Hillsman acudió al médico y
decidió no hacerla jugar en ese partido final. La jugadora no ha querido
explicar por qué decidió jugar preñada o por qué eligió el último encuentro
del año para comentarlo con el entrenador. Lo único cierto es que Goodwin
dio a luz a su hija (cuyo nombre no ha trascendido) a mediados-finales de abril y
ahora está pasando los primeros meses con su bebé (foto
1 -
foto 2), antes de regresar al
equipo en otoño y disputar un último año universitario (senior) que quizá le
abra las puertas a la WNBA.
No obstante, la mente de Fantasia Goodwin está centrada en reunirse con sus dos hermanas,
aún custodiadas por los servicios sociales de NY, mientras se convierte en
una trabajadora social para ayudar a los niños más necesitados de la misma
forma que lo hizo Lisa Lynn con ella. Aparte de, naturalmente, ver crecer a
su hija, la misma que, sin que nadie lo supiera, también ayudaba a su madre
a meter canastas desde la placenta.
Imagen: Monroe College / BXTimes
Universidad de Syracuse (Rachel Fus) |
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CASOS PARECIDOS |
La vida deportiva y la maternidad son dos situaciones que, si bien
parecen antagónicas, se pueden combinar. El caso de Fantasia Goodwin
es ideal, ya que su estado le permitió jugar y volver para otoño,
aunque quien piense que puso en peligro el desarrollo del feto no le
falte razón.
En España Galina Savistkaia vivió una situación muy parecida a
principios de los 90. La histórica pívot del CBN llegó a jugar con un
estado de gestación bastante avanzado (tuvo dos hijos en plena carrera
deportiva), algo a lo que no llegó Natalia Zassoulskaya, que jugó una
Final Four (la del 95) con dos meses de evolución, si bien hasta que
no se realizó los pertinentes análisis tras esa cita continental no
confirmó su estado.
Los casos de Lisa Leslie, Elena Tornikidu, Saray Ruiz o Maria
Stepanova son los mejores ejemplos de que la convivencia entre deseo
maternal y pasión por el deporte son compatibles.
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