La desaparición de uno de los mejores equipos de la década en España ha causado una profunda conmoción, de la misma manera que ha lanzado un aviso para el resto de equipos. El adiós del UB Barça se produce entre tinieblas de impagos, medias verdades y, sobre todo, un abandono progresivo de un club que murió desde dentro, pero que dio inmensas alegrías que repasamos en este homenaje.

LA POCO APRECIADA JOYA DE LA CORONA
La cantera del UB fue la envidia de toda España. El dominio a nivel catalán y nacional, con multitud de títulos a lo largo de los años, y la enorme capacidad de generar jugadoras de primer nivel distinguió a las categorías de formación del club catalán. Nombres como Silvia Domínguez, Núria Martínez, Laura Antoja, Anna Cruz o Laia Palau (o el del actual entrenador del Mann Filter, Joan Albert Cuadrat) crecieron en el seno del UB. Pero la brillantez de los talentos captados y moldeados no se correspondió con una decidida apuesta por ellas. ¿Trabajar tanto la cantera para qué, entonces?

Hasta el último partido, la cantera ha demostrado ser un nido de ganadoras. La final del pasado Campeonato de España Infantil es el brillante epílogo a una cantera que, incomprensiblemente, no tenía continuidad en el primer equipo.

Durante no pocas semanas, se tenía la esperanza (e incluso la seguridad) de que si el equipo de LF1 desaparecía, las categorías inferiores iban a seguir funcionando sin problemas. Pero todos los triunfos del club quedarán atrás, mientras todas las niñas que llevaban la camiseta azulgrana deberán reemprender su carrera en otros equipos.

IMÁGENES PARA EL RECUERDO







LOS PABELLONES


CE Universitari, BBC Universitari, Universitat de Barcelona y UB Barça... Ésta ha sido la progresiva evolución de denominaciones de un club que discutió la hegemonía del poderoso Ros Casares. Dos ligas y una Supercopa jalonan las ahora ficticias vitrinas de un club desaparecido en medio, por un lado, de la deficiente gestión económica de una directiva que lo abandonó progresivamente, y por otro, del bello recuerdo de un club que conectó lentamente con el público.

ASCENSO VERTIGINOSO

Los inicios del club se remontan a 1985 cuando unas jugadoras de Hospitalet de Llobregat se quedaron sin equipo. Un Catedrático de Arquitectura, Jaume Verdaguer, realizó las gestiones oportunas para que la Universitat de Barcelona les cediera las instalaciones del Servei d'Esports. Poco podía imaginar este profesor que había creado el germen de uno de los clubes más importantes de los últimos 10 años.

El crecimiento del CE Universitari fue rápido; tanto que en la 90-91 disputó su primera campaña en la Primera División codeándose con los más grandes de nuestro baloncesto. El descenso de categoría en la 93-94 (en Primera B jugó Lidia Gesteira) supuso un impulso para solidificar el club. El regreso fue inmediato y la llegada progresiva de las Fab Five (Cano, Bisetti, Gallego, Pons y Cebrián) se combinó con los primeros frutos de una cantera prolífica en la que ya despuntaban unas tales Laia Palau, Montse Gilabert o Silvia Morales.

Con Josep Lluís Rio en el banquillo, las Fab Five condujeron al mayor éxito del club para entonces: unas semifinales de Liga que se repetirían a la temporada siguiente. La modestia económica impidió retener a las estrellas de aquel doble hito. Cano, Pons y Betty emigraron, mientras Bisetti colgaba las botas. La única titular que se mantuvo fue Gallego, un testigo fiel de la evolución del Universitari a lo largo de los años. Sandra lideró el relevo generacional con Joan Carles Pie como inquilino del banquillo y Antoja, Palau o Rosa Pérez como nuevos estandartes.

Pero algo estaba cambiando por dentro. La llegada de Joan Gallego a la presidencia dio una consistencia económica que se fue engrandeciendo con los años. La primera gran señal fue el fichaje de Lidia Mirchandani el verano siguiente. La base llegó con la Ronchetti y la Copa de la Reina (más el MVP) bajo el brazo. Un refuerzo de calidad con el que se intuía que algo estaba cambiando. Probar un poco de miel con aquellas dos semifinales debió estimular el apetito. La permanencia o vivir en la zona de nadie ya no era suficiente.

EL PUNTO DE INFLEXIÓN



Pie salió por la puerta falsa al final de su segundo año. El club buscó un perfil distinto en el banquillo para dar el salto de calidad definitivo en la campaña 00-01. Y ahí surgió la figura de Carme Lluveras. La entrenadora cambió no sólo el rumbo sino también consolidó y disparó la sed de victorias de un club que ya había logrado un acuerdo con la Universitat de Barcelona tras numerosos e infructusos intentos de encontrar un patrocinador tradicional. Lluveras llevó en su primera temporada al Uni al borde del título liguero moviendo hilos y contactos para hacerse con Longin o Tornikidu (en su primer día con la camiseta roja anotó los cuatro primeros puntos del equipo), el regreso de Betty, y potenciando lentamente el deseo competitivo y las cualidades de Palau y Martínez. El UB llevó al Ros Casares Godella al quinto partido y se quedó a cuatro puntos de lograr el primer título nacional de su historia.

Las expectativas se dispararon a la siguiente campaña. El entorno sabía que se había dado un salto de calidad, refrendado por el primer liderato de liga regular del UB. La apuesta de Lluveras se centró en un núcleo de veteranas de indiscutible calidad; así, junto a Betty llegaron dos históricas de nuestro baloncesto como Anula (verdugo del equipo catalán en la final anterior) y Ana Belén Álvaro, que volvía al baloncesto español tras triunfar por todo lo alto en Valenciennes. Pero el equipo catalán sucumbió estrepitosamente ante las Fernández, Valdemoro, Fallon y compañía por un rotundo 3-0. La espantada de Adrienne Goodson fue la puntilla a un equipo que no fue capaz de superar la calidad física del rival.

El tercer año del ciclo Lluveras dio la alternativa por fin a Palau como primera espada y a su alrededor se sucedió una serie de jugadoras con un tiro exterior envidiable: Kedra Holland e Isa Sánchez volvían a reunirse en una pista tras su paso por Lugo; Nuria Martínez daba otro paso adelante en su imparable progresión; Andrea Congreaves cambiaba Las Palmas por Barcelona; pero el puzzle no acababa de encajar del todo. Aparte del exótico experimento de Ivana Pesic y Stephanie Braise, Machanguana no era la pívot ideal para esa plantilla. Lluveras se dio cuenta y fijó sus ojos en Razza Brcaninovic. Mientras la bosnia dejaba la liga brasileña, el club firmaba un acuerdo de vinculación con el FC Barcelona. El 1 de diciembre de 2002, ante el Mann Filter y en el pequeñísimo pabellón del Guinardó (años antes habían ocupado otro recinto minúsculo, el Pavelló de l'Illa), las catalanas lucían por primera vez los colores azulgranas.

La Historia estaba cambiando, si bien pocos podían esperar que el aterrizaje de Brcaninovic un 25 de enero de 2003 iba a conducir a la larga al primer título liguero. No obstante, el UB Barça logró deshacerse de sus fantasmas coperos no sólo venciendo un encuentro por primera vez en esta competición sino que además alcanzaron la final donde Marta Fernández (MVP) tumbó las ilusiones barcelonesas. Era una época de esplendor organizativo en el club, ya que había todo un entramado de directivos (por ejemplo, Joan Félix Martínez, padre de Núria y Roser, o Jesús Carbó, padre de Anna) trabajando codo con codo con sus parcelas bien delimitadas. Fruto de la buena coordinación y del progresivo éxito deportivo, el Guinardó se quedaba pequeño ante la masiva afluencia de seguidores que querían empujar a sus recién descubiertas chicas hacia la quimera de un título liguero. En la pista, la raíz del equipo campeón estaba creciendo. Razza sí era la pívot dominadora que buscaba esa plantilla, la jugadora que iba a abrir infinitos huecos a sus compañeras. Ya en la final, el infranqueable Ros se volvía a cruzar en el camino del UB por tercer año seguido, pero lejos de amilanarse, en el quinto partido el equipo azulgrana resistió los embistes valencianos hasta que dio dos capotazos de campeón.  Los 60 segundos finales elevaron a este deporte a una categoría divina. masBasket estuvo presente en la Fonteta, dejando constancia de un día histórico para el club. La culminación de un sueño que comenzaba con modestia.

Nada más alzar la copa de campeona Laia Palau, se removió cielo y tierra para dar el siguiente paso: jugar por primera vez competición europea. Si bien se había tenido derecho por aquello de acabar segundas, en esta ocasión la renuncia no entraba en los planes azulgranas. Jugar la Euroliga no se consigue todos los días. La perseverancia dio frutos y el UB Barça finalmente disputaba su primer torneo continental. Debutó en Praga con una contundente victoria que se repetiría siete después en Barcelona ante el vigente campeón, el UMMC Ekaterinburg. Aquel partido se celebró en el nuevo pabellón de juego: el Blaugrana 2, más conocido como Picadero, producto del acuerdo con el FC Barcelona. El equipo tuvo una marcha impecable hasta que ocurrió aquel vergonzoso incidente entre el marido de Brcaninovic y Van Gorp. La marcha de la pívot bosnia fue una punzada al centro del corazón de un equipo campeón. La llegada de Erika de Souza no permitió virar un barco que se quedó fuera de playoffs en Euroliga por aquellas malditas milésimas y por la polémica decisión de FIBA Europa de no rescatar al equipo tras la eliminación del Ekaterinburg por el asunto de los falsos pasaportes. En la Liga el equipo no notó tanto el esfuerzo, pero sí cayó sin discusión ante el Ros Casares de Mingo Díaz por otro rotundo 3-0.

EL ÚLTIMO CAMBIO DE RUMBO

La era Lluveras había tocado a su fin y la directiva, cada vez menos numerosa, se decantó por Sílvia Font. La entrenadora lideró un proyecto en el que primaban las jugadoras catalanas. Así las cosas, el fichaje estrella del nuevo proyecto azulgrana iba a ser una de las pesadillas de los anteriores años: Marta Fernández. La escolta internacional volvía a Barcelona, cerca de su familia. Ese plus emotivo también invitó al regreso de Betty, Pons o Antoja, mientras Gallego y Erika eran las únicas supervivientes de la anterior etapa, tras la sentida marcha de Laia Palau al baloncesto francés. La temporada fue dubitativa, pero el apoyo creciente del Picadero (su situación en Travessera de les Corts, en la misma manzana que el Camp Nou, era idónea para invitar a los curiosos a entrar) y la unión del vestuario dieron con un segundo título liguero que pocos podían prever unos meses atrás. Otra vez Valencia veía coronar al equipo azulgrana en lo más alto con un quinto partido en el que las visitantes aplacaron mejor los nervios.

La segunda campaña de Font en el banquillo comenzó de una manera impecable: la primera y única Supercopa del UB, ante el pujante Perfumerías Avenida. Otra decepción en Copa (resulta curiosa esta historia de amor imposible del club catalán con este torneo) no hizo mella en la liga, donde finalizó líder de la fase regular por segunda vez, con Mujanovic de vuelta a Barcelona como gran novedad. El deficiente año del Ros Casares, cuarto, condujo a una semifinal inédita con las valencianas. Por primera vez los dos grandes dominadores del baloncesto español no se medían las caras con el título directamente en juego... Y ahí el Barça demostró que estaba muchísimo mejor entonado que las levantinas. Parecía que la final iba a tener idéntico sabor catalán, máxime con el golpe de autoridad en el primer partido de la final ante el Perfumerías Avenida, pero cuando José Ignacio Hernández dio con la kriptonita azulgrana, noqueó sin compasión en los siguientes tres asaltos.

EL CAOS

El verano pasado nadie se imaginaba que estábamos presenciando los últimos coletazos de este histórico. Tanto deportiva como estructuralmente, el UB Barça se sumió en el caos. Jugar la FIBA Cup, desplazarse hasta el Blaugrana 1 (demasiado grande) y el Pavelló de la Ciutat Esportiva (demasiado lejos), el juego deslabazado por una mala configuración de plantilla, el vacío de poder... Todo contribuyó a una situación insostenible. Deportivamente la campaña se consiguió salvar a medias llegando a semifinales, pero el club se sostenía con alfileres. Joan Guardia, presidente, dejó el club por incompatibilidad con sus funciones en la Universitat de Barcelona a principios de temporada, no después de hacer efectivo el despido del coordinador de cantera, Josep Maria Breva, a instancias de un directivo, que quedó como única cabeza visible y ejecutora de la entidad. Anna Junyer se hizo cargo de esa parcela en un sobreesfuerzo encomiable, a la vez que a principios de este año se recurrió a Pere Sust para dirigir el barco azulgrana. Pero Sust dio marcha atrás sin haber tomado posesión de su cargo cuando vio el agujero económico del club. A partir de ahí nadie se hizo con las riendas del UB Barça, que navegó a la deriva durante sus últimos meses, dejando nóminas por pagar: a las jugadoras y cuerpo técnico se les debía y se les debe entre tres y seis meses de sueldo. Nadie respondía por ellas; mientras cierto directivo que públicamente se desmarcaba del club, luego se sentaba en el palco de autoridades del Palau y, según cuentan fuentes fidedignas, mediaba en las negociaciones con Uni Girona.

Como reconocía una apesadumbrada Sílvia Font en TV3, las más perjudicadas de todo esto aguantaron demasiado tiempo, confiadas en que la situación se iba a resolver. Se creía ciegamente en que Joan Laporta iba a absorber definitivamente la sección, pero el máximo mandatario del FC Barcelona no toleró más una vinculación que no respetaba los acuerdos, exprimiendo más las arcas azulgranas (tengo para mí que no es la primera vez que esto sucede) invitándole a hacerse cargo de esa famosa deuda que unos cifran entorno a los 180.000 euros y otros en 150.000, aparte de los 500.000 euros anuales y no estaba dispuesto a exponerse. Por esas fechas, desde dentro del club se aseguraba la continuidad del club a padres, jugadoras y técnicos, lo que se reafirmaba con numerosas fuentes externas y desconectadas entre sí. No obstante, no era así: se estaba negociando una salida hacia Girona, pero no hubo acuerdo. La Federació Catalana de Basquetbol, ante el vacío de poder, luchó por asegurar la continuidad del UB Barça, pero nadie se atrevió a apostar. La aparición de Enric Piquet, presidente de la FCBQ, en TV3 el domingo antes de la desaparición presagiaba el funesto final que preconizaba, "salvo milagro". Un milagro que no llegó.

Así es como tras 22 años de baloncesto femenino en Barcelona al más alto nivel, un 4 de julio moría un histórico abandonado a su suerte por los mismos que lo abocaron a la ruina económica.

Imágenes como éstas que jalonan el artículo son ya irrepetibles y forman una minúscula parte de lo que nuestra retina ha recibido durante tantos partidos. Muchas emociones de todo tipo, muchas canastas, la enorme calidad humana de tantas/os protagonistas, la oportunidad de vivir las grandezas (muchas) y miserias (pocas) de un equipo casi a diario: detalles que uno se llevará consigo hasta el fin de los días. Quizá la próxima temporada, cuando no haya LF1 en Barcelona ciudad entenderemos la verdadera dimensión de todo este tinglado: el adiós de uno de los mejores equipos del baloncesto femenino en España de todos los tiempos.

Ésta es también una alerta para todos los clubes de baloncesto femenino. En un momento en que el mercado está inflado por encima de lo normal, la desaparición del UB FC Barcelona debe invitar a la prudencia y a la reflexión a todos los estamentos, directivos, agentes y clubes.
 

Imagen:  masBasket / FIBA Europe
Solobasket / Mundo Deportivo / FEB / Gigantes