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"Dios me dio talento y habilidad, pero trabajé mucho para llegar muy alto" SPANISH - ENGLISH Jackie Stiles lo bordaba en 2001. Lideraba a la sorprendente Southwest Missouri State a la Final Four de la NCAA estableciendo un increíble record de anotación: 3393 puntos. Ningún otro jugador/a se ha acercado a esa marca desde entonces. Su nombre aparecía entonces en todas partes así que decidimos presentarla al aficionado español en este reportaje. masBasket inicia con Jackie Stiles "Generación masBasket", una serie de artículos sobre los protagonistas que han construido nuestros 10 años en Internet, recordando su años universitarios y su carrera profesional. masBasket: Vayamos a 2001, el año que estableciste tantos records de anotación en la NCAA. Los números cuentan que fuiste la primera en anotar 1000 puntos en una sola temporada y que alcanzaste los 3393 en toda tu carrera universitaria... Pero, ¿qué sentías cuando lograbas esas marcas históricas? ¿Suponieron una presión extra para ti saber que estabas pasando a la Historia? ¿Esas sensaciones han cambiado con los años?
J.S.: Siempre intenté liderar a través del
ejemplo. Quise trabajar más duro que nadie en mi equipo. Además, mi
objetivo era que mis compañeras ganaran en confianza y ayudarlas a sacar
lo mejor de ellas.
J.S.: Nuestro año senior fue algo
increíble. Necesitamos que cada jugadora creyera realmente que podíamos
llegar a la Final Four y que podíamos jugar contra cualquiera, sin
importar nuestro ranking. Cuando ganamos a Rutgers en su propia pista nos
dio una confianza tremenda. Todo el equipo era muy altruista y acogió con
orgullo el papel asignado. Jugamos duras y unidas: ésa es la razón por la
cual fuimos capaces de ganar a equipos con mucho más talento que nosotras.
Yo afrontaba cada partido como si no hubiera nada nuevo y lo daba todo. De
esa manera, si no hubiéramos llegado a la Final Four habríamos sabido que
habíamos dado nuestro máximo. No hay mejor sensación en el mundo que
cumplir un sueño, más aún si parecía imposible. El mejor consejo que puedo
dar es: juega duro y con mucha confianza. J.S.: Ya era alucinante ser drafteada para
jugar en la WNBA. Es decir, que te pagaran por jugar a basket...
¡Increíble! Nunca soñé con ser nombrada Novata del Año, pero no lo hubiera
podido conseguir sin la ayuda de tanta gente para alcanzar ese nivel tan
exitoso. J.S.: Comenzar a sufrir todas aquellas
lesiones fue uno de los momentos más duros de mi vida. Para alcanzar el
nivel que logré tuve que poner toda la carne en el asador. No sabía hacer
otra cosa más que jugar a baloncesto. Desde bien pequeña me levantaba muy
temprano para intentar ser la mejor jugadora posible, así que fue muy duro
dejar de jugar. Sentí que mi vida se desestabilizaba. Aprendí que lo
importante en tu vida son tu salud y las personas en tu entorno. Ahora
trato de buscar más el equilibrio, pero es una batalla constante. Tengo
una personalidad de tenerlo todo o nada. J.S.: Sí, creo que fue una combinación de
abuso, caídas fuertes y también que el juego era muy físico para mí. No
soy muy alta y los equipos trataban de detenerme siendo muy físicos
conmigo. Eso fue un duro peaje para mí, además del sobreentrenamiento.
Creo que nuestros puntos fuertes son nuestras debilidades. Mi ética de
trabajo y mi dureza mental fueron claves en mi éxito, pero también me
abocaron hacia el final de mi carrera. De todos modos, no echo en cara
nada por lo que viví en la universidad. J.S.: Realicé un último intento para
regresar cuando jugué en Australia en 2006 con la esperanza de que podía
volver a jugar en la WNBA al siguiente verano. Conseguí rehacerme de las
trece operaciones, pero volví a lesionarme, esta vez en mi rodilla
izquierda. El médico me confirmó que necesitaba operarme de nuevo, que no
me iba a dejar jugar... Fue como pintar en una pared que era el momento de
retirarse. Ésa fue la única ocasión en la que jugué como profesional fuera
de los Estados Unidos. En Europa jugué pero con distintas selecciones
cuando era pequeña.
J.S.: Después de 13 operaciones en un
periodo de 4 años, mi cuerpo comenzó a sentirse mejor. Pero ya he
desistido por completo de volver a jugar. Tuve a un fisioterapeuta que me
aplicó un tratamiento llamado
ASTYM y que me
devolvió la movilidad completa de mi muñeca y que me eliminó el dolor en
el tiro y en el tobillo. Por aquel entonces me había aficionado al
ciclismo corriendo en algunas carreras. Tuve que cambiar mi tipo de
entrenamiento antes de jugar en Australia y vi que había ganado en
rapidez. Mi meta era jugar en Australia, ver si todavía "la tocaba" para
entrar en alguna franquicia de la WNBA al siguiente verano y perseguir mi
último sueño de ser olímpica. Desgraciadamente, mi rodilla puso fin a todo
eso. Gracias a Dios escogí no operarme porque me inicié en el yoga con un
monitor buenísimo. De hecho, no necesito más operaciones. Mi cuerpo se
siente mejor que nunca. Si hubiera descubierto el yoga antes, aún estaría
jugando... Hace poco he corrido un par de medias maratones. J.S.: Doy lecciones de basket y
entrenamiento personal cada día. También viajo por todo el país haciendo
campus, clínics y charlas motivacionales. Hago campus de 1-2 días donde
trabajo con jóvenes a partir de 2º grado en el instituto (de 7 a 18 años).
También he empezado a hacer campus de 4 días para jugadores
universitarios, sobre todo en el Medio-Oeste y en las costas Este y Oeste.
Espero poder mejorar para acabar trabajando con atletas profesionales e
incluso hacerlo fuera de USA. J.S.: Siempre le digo a la gente que la
mayor bendición que mi carrera me ha dado es que nunca necesité tener un
trabajo normal ¡El baloncesto me ha llevado mucho más allá de mis sueños
más intensos! He podido viajar por todo el mundo y conocer gente
fantástica. Ahora hago otra cosa que amo: ayudar a otros jóvenes atletas a
alcanzar sus propias metas y sueños.
Texto:
Óscar Cuesta |
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